La letal pegada de Carl Davis Drumond es arma secreta del promotor Efraín Vega para otro título mundial, tras elevar a la cúspide al nicaragüense Ricardo Mayorga en el memorable combate contra Seis Cabezas Lewis.
El púgil limonense, de 1.88 metros y 206 libras, sigue invicto con cinco nocauts fulminantes en el primer asalto luego de adormecer antenoche a Juan González (6-5-1) en solo 2.34 minutos.
Davis readquirió la motivación y forjó el desafío de ser cada día mejor durante siete años en una cárcel, lo cual considera injusto por las circunstancias que mediaron cuando aún era un imberbe de diecisiete abriles. "No acudí al funeral de mi padre y tampoco asistí a mi madre enferma. Ambos quedaron al cuidado de mi hermana, quien con esfuerzo culminó sus estudios de Derecho".
¿Qué sucede cuando la timidez, el temor, la discriminación u otros factores negativos impiden el cabal desarrollo de un adolescente?
Carl creció en La Colina y apenas cursaba el sexto grado en la escuela Margarita Rojas, de Pueblo Nuevo, cuando sintió la poesía de los sentidos que menciona Balzac, desgraciadamente hacia quien luego sería inocente victimaria.
"Jugaba baloncesto y béisbol, y sin modestia era asediado por las chicas, quienes me hicieron comprender que la mujer ha sido creada para amar y ser amada, aunque jamás pasó por mi mente la flaqueza o mala fe de testigos que juraron ser fieles a la verdad".
En todas las historias de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad o la esencia de la vida. Quizás por ello, Carl no tuvo reparos, siendo sorprendido por la mamá de ella cuando ambos se besaban. Ahí empezó su calvario, dijo. "Era un amor que recién empezaba y valía la pena, aunque sufría porque no era reconocido".
"La madre no concibió que yo soy negro y su hija es blanca. Cuando sucedió lo natural, me convirtió en víctima. Fui apresado y condenado por los papeles, no por la realidad de los hechos".
El púgil de tez de pan tostado y sonrisa de dentífrico se prometió a si mismo ser un líder positivo dentro del presidio. Lo logró con el deporte y una vida sana, nada de drogas ni peleas con otros presidiarios. Había sido seleccionado local y compitió en Nicaragua y Cuba, donde perdió la medalla porque "le cerraron un ojo".
Su nuevo sueño es un título mundial y aunque el amor es de fácil entrada y difícil salida, añora amar de nuevo para estar más cerca de los linderos del espíritu.