GOLDEN (Australia).
Escalar los siete picos más altos del mundo es una hazaña al alcance de muy pocos. ¿Pero cómo se califica ese logro si el autor es ciego?
Erik Weihenmayer alcanzó el 5 de setiembre la cima del monte Kosciuszko, en Australia, para convertirse en el primer ciego que logra escalar los siete picos más altos de cada una de las principales regiones del mundo.
Tras alcanzar, junto a seis compañeros de equipo, la cúspide del monte Kosciuszko, de 2.230 metros de altura, el estadounidense de 34 años se incorporó al grupo de élite de montañistas que llegaron a la cima de las “Siete cumbres”.
Apenas unos 100 escaladores en todo el mundo lograron “vencer” a los siete picos más altos, dentros de los cuales están, además del Kosciuszko, el monte Everest –en Asia, 8.846 metros–, el Aconcagua –en Suramérica, 6.959–, el monte McKinley –en América del Norte, 6.194–, el Kilimanjaro –en África, 5.892–, el Elbro –en Europa, 5.642– y el monte Vinson –en la Antártida, 5.140–.
Weinhenmayer nació con una enfermedad en la vista que lentamente fue derivando hacia la ceguera. Cuando era niño se sentía frustrado por los diagnósticos acerca de su enfermedad, y a los 13 años, cuando perdió definitivamente la visión, comenzó a aceptar el uso de un bastón.
“Ese es solamente un aspecto en mi contra, pero tengo cientos de otros a mi favor”, asegura Weihenmayer, cuya mayor virtud es su voluntad, que lo llevó a alcanzar los logros que soñaba.
“No voy a derrochar tiempo en lamentarme”, solía expresar Weinhenmayer cuando era un adolescente. Si había logrado aprender a leer y a caminar por cuenta propia, su fuerza de voluntad podía llevarlo a desarrollar otras habilidades. “Solamente necesito la estrategia correcta”, se repetía a sí mismo.
Ese fue el lema de Weihenmayer, que a los 16 años aprendió “rock climbing” (una técnica para escalar con ganchos y sogas) y luego a trepar sobre el hielo y a esquiar, hasta que a los 32 años se convirtió en el primer ciego en escalar el monte Everest, el pico más alto del mundo. Sports Illustrated y Mens Journal se lo reconocieron en sus portadas.
Para escalar, Weihenmayer confía siempre en su tacto y en la vista de sus compañeros, que le van marcando la ruta y los diversos obstáculos en su camino.
Pero a la hora de desplazarse en la oscuridad o cuando las antiparras se empañaban, era Weihenmayer quien guiaba a sus compañeros, tal como recuerda Charles Mece, amigo del alpinista, que asegura que el sentimiento de equipo es mucho más importante que el éxito personal.
Erik quizás no se hubiese dedicado a escalar cumbres de no haberse quedado ciego, como él mismo confiesa. Su próximo plan es escalar en febrero la “octava cumbre”, la Pirámide de Carstensz en Indonesia (4.884 metros).
En el ínterim, se propone practicar su nuevo pasatiempo, el paracaidismo, demostrándose a sí mismo que la oscuridad no tiene por qué ser el final.