Cañas (Guanacaste). El aroma del café se confundía con el pesar de tantas figuras anónimas, que con paso ligero y silencioso, rindieron, a su manera, el tributo merecido para el campeón Carlos Alvarado Reyes, el hijo de la zona que físicamente abandonó la tierra, pero dejó en ella su corazón.
Mezcla de rostros lozanos con otros curtidos de arrugas por el paso del tiempo, se combinaron para despedir al memorable ciclista, que el domingo anterior falleció víctima de una insuficiencia renal crónica.
En medio del susurro bullicioso de tantos seguidores, el cuerpo del luchador incansable de 12 giros a Costa Rica fue velado en el Hotel El Corral, en Cañas, el pueblo que lo vio forjarse como hombre de bien, y que ayer le devolvió con rezos, flores y muestras de dolor, las satisfacciones conquistadas en el asfalto.
El gris de su caballo de hierro lo acompañará por siempre, atado al féretro en el que descansa el modelo de compañero solidario, atento siempre a suplir las necesidades de los otros.
Con la mirada perdida en la vela que alumbraba el féretro del excorredor, Teresita Rojas, con la voz quebrada por la emoción, apuntó: "Sin conocerlo sé que fue un hombre de bien, siempre trabajó mucho y bien se merece un ratito para acompañarlo y aliviar el dolor."
Camino a Cañas nos recibió una valla con el nombre de Carlos, anunciando su aspiración política de seguir sirviendo a su pueblo. Minutos más tarde, los colores de sus camisetas de brega, de la bandera nacional, de su partido político y de su cantón, se fundieron con los tributos florales para aliviar el tenso momento.
Llanto de familia
Era fácil descubrir entre tanta concurrencia quiénes llevaban sobre sí el amargo pesar por la pérdida del hijo, el hermano y el amigo.
Acuerpados detrás del mostrador de la soda, improvisada como capilla de velación, sobrinos y hermanos de Carlos atendían, con una disposición encomiable, las necesidades de todos aquellos que se acercaron a mitigar, con una palmada en la espalda, la marca del adiós.
"Es emocionante ver y sentir tantas muestras de apoyo de la gente de Cañas y de todo el pueblo de Costa Rica. El amó esta tierra y hoy toda la gente le devuelve esa devoción con la que él se entregó siempre", resaltó conmovida su hermana mayor, Josette.
En un cuarto apartado, ataviada de negro, la mujer fuerte, de rostro quemado, que trajo al mundo al ganador de la Vuelta Ciclística de 1977, habló sobre su tesoro, "el chiquillo" aquel que aún en medio de su enfermedad nunca desatendió los cuidados de su progenitora, doña Mercedes.
"El se merece esto y más, era muy piadoso, trabajador, muy bueno y constante. Sus metas las cumplió siempre, aún enfermo me llamaba y quería que yo no me diera cuenta de su sufrir, porque quería evitarme el dolor. Ahora que se fue, me queda la satisfacción de que fue un gran hombre, fuerte y al que todos recordarán bien", señaló sumida en lágrimas, que afloraron al recordar los pasos de su muchacho.
Los vítores para Carlos volverán hoy, de una manera singular. Antes de la ceremonia religiosa, prevista para las 2 p. m., sus compañeros del ciclismo le ofrendarán un último adiós con una caravana que surcará Cañas al mediodía. Luego, tras la ceremonia en la Parroquia de Cañas, lo escoltarán hasta el cementerio de la localidad.