Por Susana Madera
Quito, 8 oct (EFE).- Ecuador quedó hoy envuelto en una sola fiesta una vez que la selección de fútbol empató sin goles con la de Uruguay y se clasificó a la fase final del Mundial de Alemania 2006.
Miles de aficionados reunidos en el estadio Atahualpa siguieron con angustia, pero mucho optimismo el partido disputado en la capital ecuatoriana, mientras otros cientos de aficionados, que no pudieron ingresar en el estadio, festejaban en las calles.
Los fanáticos celebraron ruidosamente en el estadio, bares, restaurantes, en las calles y en sus hogares, donde se preparó la fiesta desde tempranas horas.
Confundidos en abrazos que unieron a desconocidos, los ecuatorianos no cesaban de gritar, y algunos de llorar, por la emoción de la clasificación a un Mundial, que llega otra vez de la mano de un técnico colombiano, en este caso Luis Fernando Suárez.
Los grupos musicales apostados en las avenidas arrancaron la fiesta tan pronto sonó el pitido final, que catapultó a Ecuador por segunda vez a una Copa del Mundo, después de la de Japón y Corea, a la que llegó de la mano del también colombiano Hernán Darío Gómez.
La gente se lanzó a las calles con banderas, vestidos con camisetas de la selección, saltando y gritando emocionados por la clasificación de Ecuador.
En la ciudad tropical de Guayaquil, un grupo de aficionados salió a las calles portando una réplica de la Copa del Mundo, mientras en Cuenca miles de fanáticos bailaban en las avenidas y comenzaban a pronunciar palabras en alemán.
Las caravanas motorizadas también se repitieron en varias ciudades y pueblos, donde también hubo juegos pirotécnicos.
"Alemania, allá vamos", gritaba un fanático que besaba la camiseta de la selección, aunque reclamaba por el sufrimiento que pasó durante el partido disputado en Quito, en el que los locales perdieron varias oportunidades de gol.
Los festejos se repitieron de diversa manera en los rincones de Ecuador, donde el común denominador era la constante repetición de la frase "Si se puede y sí se pudo", que se corea con regularidad cuando juega la selección.
"Ekuator ist eine party", comenzaron a gritar los fanáticos al lanzar en público sus primeras palabras en alemán, el idioma que hablará el fútbol en el próximo mundial, y en la que pretendían asegurar que Ecuador es una fiesta.
Sin saber aún si lo pronunciaban bien, la frase se reprodujo entre varios aficionados en las calles aledañas al estadio Atahualpa, con capacidad para 44.000 personas y que hoy estuvo "hasta la bandera" y pintado de amarillo.
El idioma alemán también apareció en pancartas en las que aseguraba que Alemania daba la bienvenida a Ecuador.
Arrebatados de emoción, los aficionados volvieron a pintar sus rostros con la bandera de Ecuador: amarillo, azul y rojo, e incluso se volcaron a comprar más camisetas, cintillos y otros objetos alusivos a la selección, que se vendían en las aceras.
No faltaron las bebidas alcohólicas y las llamadas por móviles para citarse en determinados puntos de las ciudades para continuar con la fiesta que muchos prometían "será hasta mañana".
Los ecuatorianos que viven en el extranjero también siguieron el partido por Internet y tan pronto terminó el encuentro, festejaron gracias a la tecnología con sus amigos y familiares en Ecuador.
Frases cortas llegadas del exterior y cargadas de emoción plagaron los móviles de muchos ecuatorianos: "Si se pudo", "clasificamos", "felicitaciones", "Tenemos el pasaporte"...
En varias casas, las personas se organizaban para salir a festejar en las calles y quienes viven en los valles cercanos a Quito, organizaban caravanas para juntarse a los fanáticos que han hecho de avenidas como "la Shyris", una pista de baile.
"Vaaaamos, ecuaaatorianos, que ahooora nos vamos al Mundiaaal", corearon los aficionados abrazados y saltando, al tiempo que gritaban "Tin (Agustín Delgado) presidente".
"Nos vemos en Alemania", decía un aficionado que empuñaba la camiseta de la selección y aseguraba que "allá continuará la fiesta". EFE
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