Santiago de Chile, 13 feb (EFE).- La modelo chilena María Eugenia Larraín parece haber sido tragada por la tierra desde que su boda con el futbolista Iván Zamorano fue cancelada este jueves, en medio del estupor general.
Nadie, ni siquiera su familia o amigos más cercanos, sabe dónde se encuentra la rubia de 28 años que ayer debió convertirse en la esposa de uno de los máximos héroes deportivo de los chilenos y también uno de los solteros más apetecidos del país.
Hoy, la mujer que hasta fue llamada "la novia de Chile", comienza ser considerada por la prensa sensacionalista como una malvada.
La prensa chilena, que pese a haber dedicado durante meses grandes espacios a "la boda del año", que iba a culminar mañana, sábado, con una fastuosa ceremonia religiosa y fiesta de gala, hace hoy diversas conjeturas sobre las causas de la ruptura y sobre el paradero de "Kenita".
Algunos, de forma muy directa, apuntan a una presunta infidelidad de la modelo: "Viajó el pasado domingo a España, para estar unos días con el tenista Carlos Moyá", destaca el diario "La Tercera", al recordar que Larraín tuvo una breve relación con el deportista mallorquín en 1998.
En realidad, antes de su romance con Zamorano, a quien conoció en 1997, Larraín salió con varios futbolistas, entre ellos los internacionales Nelson Tapia y Sebastián Rozental.
Zamorano, según esta versión, se enteró de la infidelidad de su novia -ella le dijo que viajaba a Buenos Aires por un asunto de trabajo- gracias a un amigo y, "deshecho de dolor", decidió cancelar el casamiento.
Supuestamente, María Eugenia sólo se enteró este mismo jueves, al regresar al país y, "destrozada", accedió a firmar el comunicado en que la pareja, "con profundo dolor", informaba de la cancelación de la boda y pedía a los chilenos: "Recen con nosotros".
Otras versiones atribuyen a problemas financieros la ruptura de la pareja, pues Iván Zamorano quería casarse con separación de bienes y "Kenita" en régimen de sociedad conyugal.
Ante la negativa de Zamorano, de su madre y hermana, señala esta versión, la modelo pidió que se firmara un contrato que le garantizara una indemnización de tres millones de dólares en caso de separación.
Iván Zamorano, que puso fin a su carrera de futbolista en diciembre pasado, tiene una fortuna que distintas fuentes hacen fluctuar entre 100 y 300 millones de dólares, gracias a una vida ordenada y a unos asesores financieros en Chile y España que le han administrado su dinero desde sus comienzos como jugador.
En ese contexto, Zamorano también rechazaba la intención de su novia de participar en la administración de los negocios (Larraín, además de ser modelo, estudió ingeniería comercial).
Aunque también circulan versiones que empañan la imagen de Zamorano, la mayoría de las publicaciones dejan a Zamorano como la víctima del episodio y, sin afirmarlo de forma taxativa, consideran a la novia como la mala del cuento.
Lo concreto es que nada estará claro mientras los propios protagonistas no hablen, aunque en el comunicado piden a todos que entiendan, "en estos duros momentos", su decisión de no hacer públicas las razones que les han obligado "a dar este paso".
En tanto, todos buscan a "Kenita", de quien se dice que en realidad no llegó a Chile el jueves, sino que se quedó en Buenos Aires, desde donde supuestamente regresó a España.
Zamorano también hizo mutis: fue visto en la víspera de la boda en Cachagua, un exclusivo balneario donde posee un departamento, 150 kilómetros al noroeste de Santiago, pero después se esfumó.
Algunos medios sostenían hoy que "Bam Bam" al parecer viajó en las últimas horas de ayer a EEUU para seguir después a México, y otros decían que en realidad irá este fin de semana a Europa, junto a su madre y otros familiares, "para olvidar". EFE
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