Ayer cayó el telón en la Primera División del futbol nacional. Cada protagonista obtuvo lo que merecía en este torneo que, al fin de cuentas, no tuvo misterio.
Desde el principio, la punta y la cola se perfilaron con claridad.
Si Alajuelense dio pasos firmes desde el mismo arranque, en procura de revalidar el título y sumar la estrella 23 en su trayectoria fecunda ^cuatro de ellas al hilo^, la representación del sur^sur jamás se liberó del drama y su destino parecía estar escrito.
Decir que la Liga es un digno campeón, es redundar; afirmar que la suerte de Osa estaba echada, es machacar inútilmente sobre el escozor de una realidad.
Después del cambio de timón, en la dirigencia y en la cancha, el Deportivo Saprissa logró el subcampeonato y acompañará a la Liga en la copa de campeones de la Concacaf.
Lo que en el pasado era, en cierto modo, deslucido para la entidad tibaseña, no dejó de alegrar a algunos de sus dirigentes, que celebraron casi con júbilo la victoria de ayer y la ubicación final en el segundo puesto.
Lo que sí debe ser motivo de justa satisfacción en las tiendas moradas se refiere a la marca que estableció su goleador Álvaro Saborío. Con 27 dianas, Sabo superó el récord que había establecido Adonis Hilario con los saprissistas, quien anotó 26 goles en la temporada de 1991.
Claudio Ciccia merece reconocimiento. Si bien no logró superar los 42 goles del exmanudo Errol Daniels (1967), el goleador cartaginés llenó con generosidad las redes de sus adversarios (41 anotaciones) y destiló honestidad y sudor en cada entrega.
¡Felicitaciones, Claudio Fabián! Y felicitaciones también al tetracampeón nacional. ¡Por supuesto!