Birrisito de Paraíso, Cartago. Para Danny Fonseca las puertas no tienen secretos.
Fabricarlas es un negocio de familia, y ahora que las del éxito se le abrieron de par en par, vive el presente fiel a los códigos que son mandamientos en su vida: humildad, amor al trabajo y deseos de superación.
El líbero del Cartaginés, revelación del campeonato 2000-2001 en su puesto, según las calificaciones de cronistas y corresponsales de Deportes de La Nación , es un campesino metido a futbolista.
"Sé coger café. Si hay que echarse una máquina a la espalda y atomizar un tomatal, lo hago". Y, también, un ebanista consumado: "Armo y pego puertas en la fábrica de la familia".
Danny es el referente de moda en Birrisito de Paraíso, Cartago, un caserío anclado en esa realidad dual de nuestro campo: demasiado chico para convertirse en distrito; muy grande para que lo consideren un barrio.
Pero la notoriedad, patentada en recurrentes firmas de autógrafos; en ineludibles conversaciones sobre futbol en la pulpería y a la salida de la iglesia; en señalamientos a dedo cada vez que sale a la calle, no lo abruma.
"Yo le digo que no se crea el mejor, porque en primer lugar no lo es, y también porque somos gente sencilla, que se ha abierto paso con mucho trabajo y sacrificio".
El que habla es papá Isaac, un hombre de estatura mediana, ojos verdes y verbo encendido, que junto a seis hermanos levantó una próspera empresa de diseño y construcción de puertas y ventanas, modelo en Birrisito.
Don Isaac tiene buen ojo para la madera. Y lo confirmó con sus hijos, a quienes matriculó, apenas dejaron de gatear, en las ligas menores del Municipal Paraíso.
"Jorge era muy bueno, incluso estuvo en la Selección Infantil, con Henry Duarte (91), pero las cosas no se le dieron y dejó el futbol. Ahora se encuentra en Estados Unidos. Danny siguió y le ha ido bien", dice el padre, con un orgullo que le tiembla en la voz.
Libertad
Para "liberarlo" del Paraíso y llevarlo al Cartaginés en el 94, don Isaac pagó ¢40.000, seis bolas de futbol y un juego de uniformes. En la casa del decano, los acontecimientos se sucedieron en cascada. Danny debutó en el 98, ante Puntarenas, "empujado" por el técnico español Juan Luis Hernández Fuertes, un hombre que marcaría un punto de inflexión en su vida de futbolista.
"Jugué 10 minutos, como centrodelantero. Después vino la titularidad, con don Pedro Cubilla, un entrenador que dio mucha oportunidad a los jóvenes".
Ojos verdes y vivos, risa infantil, mejillas encendidas por el sol, Danny ha venido quemando etapas. Al bautizo en Primera y la posterior consolidación en Cartaginés, siguió el Mundial Juvenil de Nigeria, en abril del 99.
"Fue otro sueño cumplido. Comprendí que el trabajo es el único camino para labrarse un porvenir. Yo sabía que si quería ir al Mundial debía ser titular, pues (Carlos) Watson, el entrenador, le estaba dando prioridad a los que jugaban en Primera".
Fonseca vive la charla como un partido de futbol: concentrado y atento a los detalles. Escucha cada pregunta y, sin dilación, va desgranando respuestas claras, envueltas en argumentos sólidos y convincentes.
El escenario del diálogo es la oficina de la fábrica de puertas Hermanos Fonseca Artavia, el negocio familiar. Ahí, recostadas contra la pared, puertas, marcos de ventana y cubiertas para muebles de cocina engrosan el muestrario que seduce la atención de potenciales clientes.
Danny cree en las premoniciones. Cuando niño, papá Isaac le dijo que llegaría a Primera. Este año le ocurrió algo parecido.
"En el arranque del Apertura, Juan Luis me llamó aparte: Danny, en su puesto de volante central, usted es el cuarto del país. Si trabaja conmigo, lo puedo convertir en el líbero número uno".
Y la reubicación le sentó bien. No sólo le tomó el gusto al puesto, sino que además emergió como el mejor líbero de la segunda vuelta del Apertura, según las calificaciones de Deportes de La Nación .
Y ahora es el futbolista de mejor rendimiento en el equipo que dirige el checo Josef Pesice.
"Este es mi puesto. De líbero me siento mejor y rindo más, aunque reconozco que aún me falta mucho por aprender". Y las lecciones para mejorar, necesariamente, serán duras."
El miércoles anterior, ante Puntarenas, incurrió en autogol, el primero de su carrera.
"Espero que sea el último. Me embargó una gran angustia, pero no bajé los brazos. Los compañeros me respaldaron. Aprendí la enseñanza. Incurrí en un problema de tiempo y distancia".
Un gol en la propia puerta no eclipsa su gran campaña.
Danny es un jugador muy completo: va bien arriba en ambas áreas, posee técnica para cortar y salir jugando, es un buen francotirador con pelota quieta y dispone de visión panorámica, una cualidad en vías de extinción en nuestro futbol.
Debe, eso sí, reservarse el tackle para situaciones lejos del área, en balones divididos, y tener cuidado con los hombres que le amagan por la izquierda cuando él llega a la marca de frente.
Así como bordó sueños en su infancia lejana, y quemó etapas en la adolescencia y juventud temprana, hoy acuña el sueño lógico de Selección.
"(Alexandre) Guimaraes le está dando oportunidad a los jóvenes y yo creo que a mí me tendrá que llegar. Admiro mucho a Gilberto Martínez, excompañero en la Juvenil. Tiene mucho coraje, pero también sabe con la pelota. Yo me digo: si él pudo, ¿por qué yo no?".
Y Danny tiene razón. Con la madera que tiene, el ansiado día no tardará en llegar.
(Colaboraron Fernando Gutiérrez, corresponsal en Cartago, y Lisbeth Asenjo).