Ni él puede explicarse por qué en ese tiro de esquina se quedó en frente del área, y no hizo su acostumbrado pique al primer palo.
Fue como si algo le hubiera anunciado que la pelota llegaría ahí, que la podría rematar y que ni un desvío evitaría convertirlo en un nombre que los brumosos recordarán por años.
Danny Fonseca hizo el gol que salvó al Cartaginés.
Por eso la ovación idílica de los aficionados. El aplauso desmedido para ese pelón que, aparte de ser símbolo en el equipo, impulsó la pelota que al minuto 63 desató la alegría de los locales.
Veinte minutos después del pitazo que selló la permanencia brumosa en la Primera división, Danny supo describir aquella jugada: “Fue un tiro de esquina y algo me dijo que quedara fuera del área y me llegó el rebote (...) No sé como entró, pero entró.
“Yo creo que fue Evaristo (Contreras) el que intentó sacarla, pero creo que nos ayudó a meterla. No recuerdo bien todo”.
Llegaba el momento del alivio, de desbocarse celebrando la salvación y de desquitarse del derrumbe de críticas que, según él, hicieron de este año el más difícil de su carrera.
Pero no podía faltar la autocrítica y un solapado reclamo para la afición, que solo llenó el estadio en los días de apremio.
“Ojalá que el otro año ellos, al igual que nosotros hagamos las cosas mejor y podamos tener el estadio lleno desde el principio del campeonato, pero para ver alegrías y no tanta angustia”.
El técnico Juan Luis Hernández, fue otro de los aplaudidos ayer, por haber hecho el “milagro” de salvar al club, tras de los olvidables pasos de Alexandre Guimaraes y Carlos de Toro.
“Yo no les pude dar el campeonato una vez, pero hoy los dejo en Primera División”, comentó, agitado, el entrenador, en alusión a la final de 1987.
Disfrutaba, pero aún sudaba tensión. “Si no me he muerto hoy y el domingo no salí en una caja de madera, no sé cuándo me voy a morir. A este precio, el futbol sale carísimo”, dijo Hernández, quien se declaró “un cartago más”.