Alajuela. El 2 a 1 es un simple dato para darle de comer a las estadísticas.
Y, sin afán de desdeñar la victoria de anoche ante un rival de cartel como Paraguay, lo realmente importante fue el rendimiento global del equipo.
Desde el gran regreso de Wílmer López, atinadísimo en su función de encender los circuitos del futbol costarricense, hasta el aplomo de Winston Parks para definir con frialdad el mano a mano ante José Luis Chilavert, al minuto 35, y establecer el 1 a 0 parcial.
La Selección bordó una noche de aciertos, con las complicaciones lógicas, desde luego, de esos pasajes vividos entre los minutos 46 y 60, cuando Paraguay discutió y ganó la posesión de la pelota en el mediocampo, gracias al aporte de Campos, Barreiro y Cabañas.
A partir de un 3-4-1-2 flexible, Sampson probó con éxito de cara al gran objetivo: la eliminatoria al Mundial 2006.
Atrás, la Selección lució muy solvente. Excepto en el gol de Julio César Cáceres, al 56’, cuando el guaraní sorprendió a Vallejos en las alturas para decretar el 1 a 1 momentáneo, la defensa jugó sin grandes apremios y Marín, Wright y Martínez rindieron bien.
Mauro, Tuma y Luis le dieron capacidad de reacción a la zaga, salida clara y presencia en las dos áreas, pues el erizo y el griego fueron muchas veces a probar fortuna en los predios de Chilavert (primera parte) y Tavarelli (en el complemento).
En alzada
Martínez demostró el crecimiento logrado en el exigente calcio italiano. A su conocida capacidad para soplarle en la nuca al delantero que intenta abrirse paso en la zaga (Jiménez y Cabañas, anoche), sumó ahora un notable acierto a la hora de jugar la pelota.
Costa Rica bordó desde el fondo las primeras puntadas de sus ataques que tenían un circuito claramente definido: Wright, Centeno, Wílmer y Parks. El Paté de anoche fue el mejor que hemos visto en muchas jornadas. Jugando como segundo volante central al lado de Vallejos, imprimió entrega correcta a cada pelota recuperada y pelotazos con sentido para sobrepasar la doble línea que el técnico Aníbal Ruiz paró delante de sus arqueros.
Si al esperado regreso de Wílmer a la Selección le faltaba un condimento, El Pato se lo puso al 35’, cuando montó el preámbulo del golazo de Parks. Leo González, sólido en su función de volante-lateral de la izquierda, cortó y sirvió a López. Wílmer, que lleva en la cabeza el boceto de la jugada que viene, filtró a Winston y el limonense nos dio una leccción de cómo definir. Perfilado sobre la izquierda, le hizo el túnel a Maldonado, cambió de pierna y tocó de derecha para hincar a Chilavert.
Superado el trance amargo de la igualada que estableció Cáceres al 51’, Sampson empezó a recoger los réditos de cuatro cambios trascendentales: Erick Scott, Jafet Soto, Danny Fonseca y Try Bennett.
Ninguno defraudó. Scott puso lo que sabe: pique al claro y remate. Lo de Jafet fue muy bueno porque si bien se tiró hacia la izquierda, reemplazó a Wílmer con hidalguía.
Danny pisó la grama lleno de temple y clase. En la segunda acción en el campo, desarmó a un rival, amagó, y salió tocando con la cabeza levantada.
Y Try coronó una gran noche, con su gol de sangre fría, al 89’, cuando encaró a Taravelli y tocó a un costado tras un gran pase de Luis Marín.
La Sele pinta bien.