
Luego de dos victorias tranquilizadoras, el Cartaginés supo manejar ayer la presión del marcador en contra contra el local Santa Bárbara y en los momentos más difíciles del encuentro sacó fuerzas de flaqueza para rescatar un punto del Estadio Nacional.
El inicio pintaba bien para los blanquiazules, que comenzaron manejando mejor la pelota y controlando el juego con incursiones de Bernal Mullins y el siempre acucioso Claudio Ciccia.
Entre tanto, los barbareños esperaban a su rival y se asentaban en el terreno en procura de tomar el control del partido de la mano de Luis Venegas y Pablo Gabas recostados sobre el sector derecho.
Fueron justamente los locales quienes inauguraron las cifras al minuto 10 cuando Gabas cobró un tiro libre cruzado al palo de mano derecha del guardameta Alfaro.
Allí estuvo el capitán Pablo Tiscornia para robar las espaldas de la defensa y sorprender con un incómodo tiro de cabeza que mandó el globo al fondo de la malla.
El gol desconcertó a los brumosos y dio más confianza a los jugadores de Jorge Mario Olguin, quienes tomaron las riendas del cotejo con un dominio que, si bien no era apabullante, permitió controlar y cortar los avances infructuosos de los brumosos.
Una jugada clave
Con excepción de un remate de Santamaría desviado por el guardameta Jara en el minuto 70, Cartaginés no llegaba con claridad y sus avances no lograban inquietar la defensa de Santa Bárbara.
Para colmo de males, la expulsión de Árnold Cruz por saltar sobre el cuerpo de Roberto Wong, en el minuto 71, puso las cosas aún más difíciles para los brumosos.
Sin embargo, cinco minutos después, al 76’, llegó la jugada salvadora de Mullins: con habilidad y una buena dosis de coraje, se llevó la marca de Wálter Cordero y Roberto Wong, enfrentó al portero Jara y tocó con la punta del pie derecho para que el balón se fuera dando tumbos hacia la meta contraria. Un oportuno gol, para el 1 a 1, que llegó de nuevo la calma.
Ya al filo de los 90 minutos Rayner Robinson desperdició casi sobre la línea de cal la última oportunidad para cambiar la historia del juego. Un juego de pocas emociones, pero de mucho temple.