Sus raíces caribeñas no se pierden de vista, a pesar de que nunca ha vivido en aquella hermosa parte del país. Un tanto bajito, de color moreno y cabello crespísimo, esa es la descripción de Steven Bryce Valerio. Potente, hábil, valiente y definidor. Así se le podría dibujar en la cancha.
Pero detrás de esa imagen que vemos lucir el uniforme morado, se esconde una historia en la que el dolor de las despedidas y el sabor de la derrota se conjugan con sus frescos 20 años.
Sus inicios con la pelota se remontan curiosamente junto al estadio en el que hoy se afianza como una de las más prometedoras figuras de este alicaído balompié tico: el Ricardo Saprissa, al lado del cual empezó a recibir clases en la escuela de futbol de Juan Varela, antes de pasar al premosco Sabana-Saprissa, dirigido por Víctor Bolaños.
"Acepto que me atraía el futbol, pero no tanto como a mi padre (Eustace Bryce, quien practicó el atletismo y fue comentarista deportivo). Tal vez por su condición de atleta, aunque la actividad física siempre me gustó", dice Steven, quien se autodefine como tímido e introvertido.
Del premosco fue transferido al mosco, a cargo de Jorge Flores; pero cuando empezaba a llamar la atención de los entrenadores de ligas mayores, sus padres decidieron abandonar el país.
Toronto, la ciudad más importante del estado Ontario, en Canadá, sería el nuevo hogar de Steven, quien con apenas ocho años tuvo que dejar todo lo que le acompañaba desde chiquito.
"Fue muy doloroso; recuerdo que cuando les pregunté a mis padres el por qué de la partida, ellos me dijeron que era en busca de mejores opciones".
Allá, la fiebre futbolera lo ubicó en un equipo juvenil de Ontario, llamado Woodbridge, con mucho roce a nivel internacional.
"En una de las giras fuimos a Italia a jugar contra el Lazio, y pude ver un entrenamiento del Milán, cuando entonces estaban Gullit (Ruud), Van Basten (Marco) y Baresi (Franco); fue algo increíble".
La sangre latina hizo que Bryce destacara en su equipo como uno de los goleadores más importantes de la liga en la que participaba.
Tiempo después, el tico fue llamado a formar parte de una preselección canadiense, en la que terminó de adquirir la potencia física que, según él, le dejó su paso por Canadá.
"A pesar de que ellos (canadienses), tienen un futbol rígido -influencia inglesa-, reconozco que en el aspecto físico trabajan muy fuerte".
Por siempre tico
Siendo preseleccionado, Bryce debía escoger entre jugar para los canadienses o hacerlo para los colores patrios. "Siempre quise y quiero vestir la camiseta de mi país. No hay nada mejor que ser costarricense, y por ello estoy aquí".
Ya con 16 años, el futuro de Bryce y su familia se había asentado en Canadá, pero en la mente del joven aún perduraba el olor de Moravia y el inconfundible sabor del rice and beans, una de sus comidas favoritas.
"Al irnos estaba muy pequeño y no era prudente que me quedara en Costa Rica, sin embargo, ya con 16, hablamos sobre el tema y decidimos que yo regresaría".
El retorno fue a la casa de Maggie Chinchilla, a la que él llama su segunda madre, también radicada en Moravia.
"Creo que mi salida de la selección de Canadá y la presencia de Maggie, con quien me crié, fueron los factores que inclinaron la balanza para volver, ya que mis padres saben lo mucho que me quiere y lo mucho que la respeto".
Steven pisó suelo nacional pocos días antes de que iniciara el Mundial de Estados Unidos, y de inmediato se integró a la Escuela Internacional Cristiana -a concluir la secundaria- y al juvenil del Saprissa.
El entrenador era Carlos Santana, hombre que terminó de retocar el futbol que ahora exhibe Bryce, matizado con agilidad, fuerza, sacrificio y velocidad.
Del juvenil, pasó a integrar la planilla de Goicoechea, en segunda división, donde campeoniza y asciende a la categoría mayor, dirigido por Roger Flores.
"He aprendido a aceptar la voluntad de Dios. Cuando llegué al juvenil ya quería estar en Saprissa, y más aún cuando subimos a primera con Goico, pero no fue así, y me sentía frustrado".
Los sacrificios fueron muchos, como cuando tuvo que recibir tutoría en horario nocturno, para terminar así el colegio, y poder jugar en Goicoechea.
Un gol especial
Escasos 10 días han pasado desde que el padre de Steven estuvo en el país, por primera vez desde que partió, hace más de 11 años.
"En lo que tengo de haber regresado, he visto a mis padres pocas veces. Por dicha, cuando mi papá logró venir, ya jugaba con Saprissa y anoté un gol en su honor, que él mismo pudo ver".
Esa anotación fue frente al Municipal Puntarenas, en el partido que los morados ganaron seis a cero.
Otro tanto que Bryce nunca olvidará es el que marcó frente a Paraguay, en el debut de Costa Rica en el Mundial Juvenil de Malasia, que se efectuó el año anterior.
"Para todo jugador es un sueño anotar en un mundial, y yo ya lo cumplí. Ahora tengo otras metas, que espero se vayan dando cuando Dios así lo quiera, por que El es quien rige mi vida".
Entre los objetivos de Bryce está jugar en el exterior y terminar los estudios de Ingeniería Industrial que hace un año comenzó en la Universidad Internacional de las Américas.
"Sé lo que es perder, jugar en un equipo pequeño, y que le deban a uno seis meses de salario; no quiero volver a vivir eso, y por ello es que doy todo en la cancha".
Amante de la salsa y el reggae, Bryce acepta que es un jugador en formación y que nunca debe despegar los pies de la tierra, si no quiere ver su carrera truncada.
"No me arrepiento de haberme alejado a mis padres, a pesar de que soy hijo único. Estoy seguro que ellos están contentos de lo que hago, así que trataré de nunca decepcionarlos".
Tímido, aunque no introvertido, esa fue la impresión que dejó Bryce; mas, de lo que sí se puede estar seguro, es que este chico se sale de la serie.