Puntarenas. Con el fin de llamar la atención para preservar y fomentar el deporte aventura, 32 kayakistas nacionales e internacionales pusieron ayer sus remos al mar para emprender el desafío entre naturaleza y hombre, al recorrer los 20 kilómetros que separan Puntarenas de la Isla de San Lucas.
Durante casi dos horas de competencia, los frágiles botes eran golpeados por las corriente marinas; sin embargo, ningún kayakero dejó de mover sus brazos para buscar el objetivo de llegar hasta la antigua penitenciaría de San Lucas, y retornar a las playas chuchequeras.
Tanto el mar como el ardiente sol fueron inmisericordes. Poco a poco, el multicolor grupo de remeros se desgranaba ante el acecho de la fatiga evidente en los cuerpos enrojecidos y las caras sedientas.
Los músculos dibujaban el esfuerzo entre los punteros que viajaban como flechas al blanco, tal y como lo demostró el ganador, Mariano Cash, un argentino, quien compite para el equipo de Ríos Tropicales de Costa Rica.
Con los dientes apretados y la mirada al horizonte, el bonaerense se fue desprendiendo de sus persecusores, y, al llegar a la meta, dejó su kayak al lado para ir al abrazo con las olas del mar.
Prueba
"Fue una prueba maravillosa; el premio es sin duda el convivio con la naturaleza", dijo poco después bajo la sombra de un árbol mientras recibía el saludo de los participantes.
"Lo más duro fue el retorno, pues el viento sopló fuerte en contra nuestra, pero esto es parte del reto", destacó el suramericano, quien tiene cuatro años de radicar en nuestro país.
La competencia se dividió en tres categorías: kayak de río, kayak Sit on Top (sentarse arriba), y estilo libre.
Esta es la segunda ocasión en la que el llamado "Reto en Kayak a larga distancia" se efectúa en Puntarenas; la primera ocasión fue hace dos años con el triunfo del costarricense Román Urbina, fundador de esta travesía.
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Remé con el alma"
En la categoría de mujeres, la peruana, "casi costarricense por adopción", Ursula Jensen, puso a todos los presentes a gritar de contentos cuando la dama se divisaba a pocos metros en medio de las olas.
La fatiga hacía mella de Jensen, quien, incluso, fue expulsada y arrastrada por la marea. Poco después de reponerse del cansancio, dijo a La Nación sentirse "orgullosa" por haber terminado.
"Mi bote es plano y a diferencia de los demás, es mucho más difícil de controlar con tanto viento en contra. Este tipo de recorridos no es nuevo para mí, ya lo he practicado y me encanta", relató la triunfadora, quien se desempeña como profesora de equitación en el Club La Caralla.
"Los últimos 100 metros remé con el alma, ni siquiera respiré, no miraba atrás, solo quería seguir remando hasta tocar tierra firme", finalizó, con la recompensa de un beso propinado por su esposo Rafael Colmenares.
Otros de los consagrados fue el dúo conformado por Neil Kahn y su hijo Jerson, de escasos cinco años de edad.
"Está en mi bote desde que tenía un mes de nacido. Su trabajo consiste en sacar el agua que entra al kayak, pues ese lugar está diseñado exclusivamente para el equipaje, no para humanos".
Kahn, de nacionalidad estadounidense, afirma que no tiene temor alguno en que su hijo viaje con él en medio de oleadas y corrientes marítimas.
"Le aseguro que está más seguro en el bote que en mis propios brazos. El sabe nadar muy bien, toda su vida ha estado más en el agua que en otro sitio. Me gusta llevarlo porque, además de la compañía, me encanta escuchar su voz durante todo el camino diciéndome: "Duro papi, rema, rema más fuerte que ya vamos a ganar; no te canses, no te canses, papi".