Por Enrique Escande
Buenos Aires, 15 jun (EFE).- La eliminación del Boca Juniors de la Copa Libertadores y su ausencia en la próxima edición del torneo por no haber reunido en la Liga de su país los puntos suficientes para clasificarse, condenan a un prologado ostracismo al equipo más popular del fútbol Argentino.
Los boquenses, superados en los cuartos de final por el Chivas de Guadalajara mexicano (4-0 y 0-0), dan por finalizado un ciclo que produjo éxitos resonantes entre 1998 y 2003 y que se diluyó en los dos últimos años tras la dimisión del entrenador Carlos Bianchi, acaparador de tantos sentimientos nostálgicos en el club como de campeonatos ganados.
Y el peor final de semejante etapa, con nueve títulos de campeón logrados en todos los terrenos, se produce en el año de su centenario, para el que hubo planes de celebraciones vinculados a conquistas que, finalmente, brillaron por su ausencia.
La caída del Boca Juniors se produce en momentos en que su presidente, Mauricio Macri, emprende una campaña política para ocupar un escaño en el Parlamento argentino.
Lo que más afecta a Macri en su presente no es, de todos modos, la frustración deportiva, sino la manera con la que el equipo se despidió de la Libertadores, con un escándalo que poca relación tiene con el "club modelo" que intentó forjar como dirigente.
Las voces de sus opositores políticos no se hicieron esperar y coincidieron en que mal pudo gobernar a Buenos Aires -fue candidato en agosto de 2003- sino logró poner orden en un club deportivo.
Todo indica que el estadio "La Bombonera" será inhabilitado por la suspensión del partido del martes contra el Chivas sobre el último tramo de la segunda parte, por la violencia de los aficionados, que agredieron a los jugadores del equipo mexicano.
En el fútbol argentino existe una tendencia que se transforma costumbre: desatar incidentes, agredir a árbitros y jugadores o romper lo que haya a mano cuando el equipo pierde por goleada o cuando sufre una derrota decisiva para su futuro inmediato.
Con ello se pretende que el partido no termine y que la derrota deportiva sea relegada a un segundo lugar por el escándalo, que ocupará más espacios en los medios masivos de comunicación.
Un hincha boquense saltó al campo y agredió al futbolista mexicano Bautista cuando se iba a los vestuarios tras ser expulsado, miles de aficionados arrojaron objetos contundentes contra el portero Corona, mientras que los jugadores locales repartían golpes a sus rivales y alguno que otro a la policía.
Antes de llegar a los camarines, Bautista, que cumplió un innecesario papel de provocador debido a que el Chivas ganó la eliminatoria con amplitud, recibió un escupitajo nada menos que del entrenador boquense, Jorge Benítez, quien en una rueda de prensa posterior dijo que no recordaba el episodio.
Habrá sanciones internas en el Boca Juniors y se esperan medidas de la Confederación Sudamericana, pero lo peor para el club es la condena al ostracismo, porque la Libertadores era su gran objetivo y el escenario ideal para sus aspiraciones internacionales.
La nostalgia por Bianchi no tiene fin. Miguel Brindisi y Jorge Benítez, sus sucesores, trabajaron sin éxito bajo su sombra.
Las estadísticas del equipo en el torneo Clausura 2005 son también demoledoras: ocupa el decimocuarto puesto con siete derrotas, tres empates y seis victorias. Marcó 24 goles y encajó 26. Para terminar con la tortura de este torneo, todavía debe jugar fuera de casa ante Newell's Old Boys y Almagro y frente al Quilmes en "La Bombonera", un estadio que, antiguamente, era considerado inexpugnable. EFE
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