El resto del tiempo no bastó para unos visitantes urgidos de gol y ansiosos de permanecer en la Primera División. La desesperación tomó la camiseta número 12 y se convirtió en un rival más.
La primera mitad del encuentro se caracterizó por el flojo rendimiento de ambos cuadros. Llegadas intermitentes a los dos marcos sin definiciones y fallas constantes.
Johnny Cubero se convirtió en el arquitecto de la media cancha local. Creativo y talentoso, buscó opciones, pero el cerrojo de la zaga turrialbeña impidió el ingreso.
En la otra acera, Rónald Vega y Brun Angedon se complementaron en una dupla ágil que buscó espacios pero que no logró rebasar los intentos.
Al comenzar los segundos 45 minutos, el cotejo volteó la hoja. El ingreso de los porteños Miguel Agüero, César Martínez y Juan Carlos Aguirre dio el aire requerido a los anfitriones.
Turrialba fue cediendo terreno. Poco a poco, el cansancio apareció. Los hilos de esperanza azucarera los fue hilvanando el equipo casa. El minuto 70 fue el remate.
Mauricio Gutiérrez cobró un saque de esquina, Martínez remató y dejó la pelota en los cordeles turrialbeños. Los hoy descendidos quisieron, pero eso no bastó. Los 90 minutos se extinguieron y el empate nunca llegó.
La paridad en el marcador era suficiente. La derrota contundente de los ramoneneses ante Heredia 4-0, les daba cierto ánimo.
Tras el pitazo final, la tristeza los invadió. En Turrialba el azúcar era amargo. El triunfo para endulzar el final nunca llegó.