Rojas las caras, rojas también las ropas; rojos los sombreros, emblemas y pañuelos. En aquella medianoche del miércoles y madrugada de ayer, no le quedó más remedio a las calles josefinas que resignarse a ser coloradas, porque el triunfo en Costa Rica, tenía el color oficial de la "Sele": rojo.
¿Cuál sorpresa?, sí desde buena mañana, cuando la gente ya andaba uniformada el miércoles, lo venía anunciando: "Más tarde voy a estar más rojo". Pero la noche... ¡fue el colmo!
Miles de personas, cual hormiguero de seres que caminan a dos pies pero sin antenas, tomaron como casas de celebración la siempre invadida rotonda de la Fuente de la Hispanidad, el corazón de San Pedro de Montes de Oca ahí frente al Outlet Mall y la silenciosa Catedral de Montes de Oca, el Parque Central, y la arteria principal de Escazú, el pueblo de las brujas.
Con tambores y todo
Las 10:30 p. m. fue la hora de la gran convocatoria. ¿Cómo no serlo si ya para entonces Tiquicia estaba en el Mundial Corea-Japón 2002?
Así que por el norte, por el sur, el este y el oeste, el frente y la retaguardia, cientos de personas bajaban a la Fuente de la Hispanidad en San Pedro para sumarse al gran carnaval que improvisadamente ahí se armaba.
"¡Oé, oé, oé. Ticos, ticos!", por un lado; "¡Sí se pudo, sí se pudo!"; por el otro. Jóvenes, adultos y hasta niños corrían en grupos para ser más en el rojo jolgorio.
Desde las aceras del Mall San Pedro, o usando las de la Fuente como cuartel, cientos de personas veían contentas como otras tantas decenas daban la "vuelta olímpica": corrían en masa alrededor de la fuente, agitando banderas.
¡Tan, tan, tan!, sonaban los tambores de comparsas. ¡Tu, tu, tu!, bramaban las cornetas. "¡Lloran, lloran. Los gringos lloran!". Miles unidos en un solo coro...
Más reposada, pero no menos intensa, celebraba la gente en Escazú. Guardadas las espaldas por un cordón de policías antimotines, cientos de jóvenes y adultos coreaban a la Sele , y armaban una mejenga con latas de cerveza y botellas plásticas como balones.
Desde los balcones de los bares de ese lugar la gente casi colgaba.
A falta de espacio para mejenguear, el centro comercial de La Rambla (también en Escazú) amotinó a los hiperalegres en sus bares.
Llenos hasta las ventanas, "Taos", "Frankie Go" y "La Cantina" reventaban con los bailoteos y vítores de la gente. Ya para entonces rayaba la 1 a. m.
Y como el tiempo pasa sin pedir permiso, las primeras horas de la madrugada sorprendieron a los que celebraban. Bares y las calles mismas, ¡siempre las calles!, seguían pobladas porque: ¿qué importa la resaca, si la alegría tiene el tamaño del Ricardo Saprissa?