Ciudad Quesada. Su pequeña estatura contrasta con el gran espíritu que lleva dentro. Se llenó de fe y archivó el recuerdo ingrato de la lesión... Y el domingo volvió a lo que más le gusta: el futbol.
Es Andrey Campos, el volante norteño a quien el destino le hizo una mueca el pasado 18 de junio, en pleno Mundial Juvenil de Malasia, cuando un choque contra un rival paraguayo derivó en una ruptura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha, que lo sacó siete meses del juego.
Pero el futbol siempre da revancha. Campos jugó seis minutos ante Puntarenas y la alegría se le desbordó.
"Estoy feliz. El técnico me metió para darme ánimos, me sentí muy bien. Tengo la fe de jugar ante Saprissa", apuntó el mediocampista sancarleño.
Andrey vivió momentos de angustia. Tras el Mundial estuvo dos meses fuera. Le practicaron una astroscopia para salvarle el ligamento, pero cuando quiso regresar a las prácticas, se llevó la sorpresa de que la rodilla no le respondía. Vinieron las rehabilitaciones sin rédito, interrumpidas por la dificultad de viajar de San Carlos a San José.
Nunca se dio por vencido. "Esta es la tercera vez que lo intento y me siento muy bien. Las experiencias anteriores han sido muy dolorosas, sobre todo por las ganas que yo tengo de jugar. Tengo la fe en Dios de que ahora sí lo lograré", comentó.
Sus palabras están impregnadas de fe en Dios. "El ha sido mi refugio, me tendió la mano cuando más lo necesité, no sólo para sobrellevar este tiempo, sino cuando estábamos en Malasia.
"Recuerdo que el día de la lesión yo estaba muy deprimido porque se me había escapado el Mundial. Mi compañero de habitación, Alonso Solís, estaba triste porque sólo había jugado 45 segundos y Dios me dio fuerzas para consolarlo, aunque después de que él se dormía yo seguía llorando."
Si bien sus ojos se llenan de lágrimas al imaginar que estuvo a punto de dejar el futbol, reconoció que "en este tiempo aprendí que mi felicidad no depende del futbol, mi felicidad depende de Dios y acepté que juegue o no tengo otros motivos para seguir luchando".
Sobre su futuro, Andrey confesó que aún le resta un año con el cuadro sancarleño, y que para la próxima temporada le dará la primera opción a los norteños.
Como cualquier jugador, Campos anhela llegar algún día a uno de los llamados equipos grandes, aunque reconoce que con la lesión se le cortaron las alas, y quedó en desventaja con respecto a otros compañeros de selección, como Froylán Ledezma, Douglas Sequeira, Alonso Solís, Steven Bryce o Carlos Castro.
A sus 19 años, Campos tiene a su haber el Mundial Infantil en Ecuador 95 y el Juvenil en Malasia 97.
Además, actualmente estudia Administración de Empresas y trabaja para el Grupo Misionero Católico.
Andrey Campos está de vuelta.