Madrid. Aunque ya había entrado en la historia del tenis, el estadounidense Andre Agassi dio un paso más al convertirse en el octavo jugador en sumar en su palmarés 50 títulos tras ganar el domingo la final de Scottsdale al español Juan Balcells.
A sus 31 años y después de disputar 75 finales, Agassi solo es superado en esta lista por Jimmy Connors (109), Ivan Lendl (94), John McEnroe (77), Pete Sampras (63), Bjorn Borg (62), Guillermo Vilas (62), e Ilie Nastase (57), pero a diferencia de todos ellos, solo él ha logrado los cuatro Grand Slams y además el único jugador en la historia que los ha ganado en superficies diferentes.
Si ya figuraba en el firmamento de este deporte por todo ello, y a pesar de haber sobrepasado la treintena, el de las Vegas parece un jugador nuevo, con nuevas ilusiones, pues tiene un nuevo entrenador desde hace tres semanas, el australiano Darren Cahill, que sustituyó a Brad Gilbert, su primer hijo con Steffi Graf y recién nacido, Jaden Gil, y una muñeca que después de impedirle participar en el Abierto de Australia a principios de la sesión, parece responderle ahora.
Prueba de su fuerza mental y de sus ganas ha sido su llegada a la final de los dos primeros torneos en los que ha participado esta temporada. Hace una semana en San José, donde cayó contra Lleyton Hewitt en tres sets, después de disfrutar de dos puntos de partido, y este domingo, ante el bravo Juan Balcells.
Esta vuelta a la casi perfección no es nueva. En 1994, Agassi se recuperó de una operación en una muñeca para ganar el Abierto de Estados Unidos y convertirse en el primer jugador en la historia en ganar este Grand Slam sin ser favorito. Fue ese año cuando escogió a su compatriota Brad Gilbert como entrenador y acabó la sesión como segundo mejor jugador del mundo.
Esta temporada tenía un objetivo, convertirse en el primer jugador desde Roy Emerson en ganar el Abierto de Australia tres veces seguidas, pero una lesión en un torneo de preparación anterior jugando contra Pete Sampras, le impidió intentar ese sueño y precipitó su salida de Melbourne sin competir siquiera.
Pese a todo, Agassi no se desmoronó. "Este dolor es casi ya algo de familia", dijo, "no me importa, voy a trabajar tan duro como pueda para hacer de mis últimos años lo mejor de mi carrera".
El primer paso fue recuperar su muñeca. El doctor que le trató, el especialista Leonard Gordon, describió la lesión como una "hiperextensión que afectaba a los tendones posteriores" para lo que recomendó, primero descanso y luego, un tratamiento específico.
El segundo paso en su reconversión era encontrar nuevas ambiciones y para ello tenía que motivarse de otra manera. Había que romper con su amigo Brad Gilbert y la separación fue amistosa. "Fueron ocho años increíbles y ninguno de nosotros quería correr el riesgo de que nuestra gran relación se viciara", comentó tras la ruptura.
Cahill, que había roto con Lleyton Hewitt en diciembre, se convirtió en su prioridad. Y la relación ya ha generado su primer fruto.
También su reciente paternidad parece haberle infundido nuevas energías. "Todo el que es padre sabe que esto es un tesoro. Es un milagro, es como si fuera Navidad cada día, y la vida y las prioridades se ven con una perspectiva mucho más clara". En Scottsdale lo ha refrendado, y ahora ante las grandes citas de los Masters Series de Indian Wells y Cayo Vizcaíno, Agassi vuelve a ser temible.