Limón. El futbol los enfrentó en aquel juego sincero e inocente de la infancia y más tarde los hizo entrañables amigos.
Hoy construyen juntos un sueño, el que forjaron pateando un balón improvisado hasta que la noche los vencía.
"Eran tantas las ganas de jugar futbol que de niño me quedaba hasta las 11 y 30 de la noche en un terreno cerca de mi casa, al cual le pegaba un poco de luz y me iba a dormir solo porque me llamaban, sino yo seguía jugando", afirmó Kurt Bernart junto al Tajamar en Limón.
Su infancia fue como la de cualquier niño del barrio Cristóbal Colón. En la mañana iba a la escuela y en las tardes asistía a las mejengas de rigor.
Su pasión por el futbol lo llevó a ser el líder del equipo escolar. En un juego de la escuela de Cieneguita contra la Tomás Guardía, del centro de Limón, conoció a Rayner Robinson. A partir de ese momento sus vidas se hermanaban y seguirían un rumbo paralelo.
"Rayner era el portero de ese equipo y cada vez que Cieneguita iba a la Tomás Guardia era goleada segura. Por dicha, lo logré convencer de que cambiara de puesto, y hoy la vida me da la razón de que era muy mal portero y muy buen goleador", dijo Kurt.
Luego de aquel encuentro fugaz, Rayner se trasladó a vivir al mismo barrio de Kurt, el niño que hacía travesuras con la pelota y goles por doquier. Desde entonces, son inseparables dentro y fuera de la cancha.
"A Kurt lo recuerdo bien en la escuela, porque siempre nos hacía muchos goles", comentó Robinson sin ocultar una sonrisa.
Como prueba de la amistad que nacía, ambos iniciaron su carrera como futbolistas en las ligas menores de Asodeli, allí empezaron a pulir su talento.
Varios entrenadores y maestros, al observar las condiciones de los inquietos muchachos, empezaron a aconsejar a los que consideraban diamantes en bruto.
"Recuerdo a un maestro en especial, Delmer y al profesor Errold Alterno, los dos me enseñaron muchas cosas que todavía me sirven", externó Bernard, mientras jugaba con su sobrino, Krisler, de nueve años.
La hora de partir
Después de superar la etapa recreativa del futbol, sus anhelos de niños se hicieron realidad. Ahora llegaba el momento de asumir el balompié como un estilo de vida, con las responsabilidades que eso conlleva.
"Esto es un trabajo, como cualquier otro. En el momento en que decidimos estar en Primera División y dedicarnos por completo a jugar, las cosas se volvieron más serias. Sin embargo, mantenemos la alegría por el futbol y por tocar un balón cada vez que se puede. Nos divertimos haciendo esto", puntualizó Bernard.
Rayner afirma que jugar profesionalmente es lo que siempre quiso hacer, por lo que si ahora aparecen las responsabilidades, ellas son parte de lo que escogió en la vida.
"Cuando uno entra a jugar en Primera sabe que las cosas cambian, pero es lo que siempre quisimos y soñamos desde niños. Es por ello que queremos llegar a un equipo grande o jugar afuera, y para lograrlo necesitamos sacrificarnos".
Kurt y Rayner acumulan 40 goles en el torneo nacional, lo que los convierte en los máximos goleadores limonenses de los últimos 30 años. Guillermo Guardia ostentaba ese reconocimiento con 14 dianas conseguidas en la temporada 92-93. Este récord fue superado por el mismo Kurt, el año anterior, al llegar a 15 anotaciones.
Los 20 goles que cada uno ha realizado les sirven de credencial para que, sin que termine la temporada, varios equipos de la Meseta Central como Saprissa, la Liga y Herediano se interesen en llevarlos a sus tiendas.
Para los artilleros caribeños su hora de partir ha llegado. Las condiciones están dadas y las ofertas empiezan a tentarlos. Ellos las toman con tranquilidad y se dedican a lo que saben: jugar con la pelota.
"A quién no le interesaría jugar en un equipo grande", aseveró Robinson en forma tajante.
"Nosotros nos dedicamos a jugar, lo demás que lo arreglen los que saben de eso. Si nos tenemos que quedar en Limón, nos quedamos, pero no queremos dar un mal paso", interrumpió Kurt.
La partida de Asodeli conllevaría en dejar costumbres, familiares y amigos en su querido Limón. Los bailes y las fiestas tendrían entonces que entrar a un periodo de espera.
Bernard fue directo al tema: "No podemos seguir en otro lado la misma forma de vida que aquí, pues en Limón conocemos las cosas buenas y malas, y lo que nos puede afectar para nuestras carreras. En otro equipo debemos luchar contra todo y ganarnos la confianza de los demás.
"Además, no conocemos el ambiente y una mala decisión arruinaría años de trabajo".
"El separarnos es uno de los sacrificios que debemos hacer. Hemos estado juntos casi siempre y si no podemos seguir así, estamos seguros de que hay una amistad que nos une y que nunca terminará".
Antes del adiós inminente, Kurt y Rayner desean cumplir con una última misión.
"Queremos dejar a Limón en Primera y salvarlo del descenso. Nos costó mucho ascenderlo y no podemos destruir lo que logramos. Si dejamos al equipo en Primera, habremos cumplido con Limón", fue el deseo que externaron ambos jugadores, con el mar a sus espaldas.