Alajuela. Fue cuestión de ceder la iniciativa en el mediocampo y de "repartir leña". Es decir, lanzar el anzuelo, amedrentar y envolver. Con un libreto audaz.
Ulrich Kowalczyk es un buen lector.
Pocos hubieran anticipado que el anfitrión perdería el juego. Tras la reyerta de los primeros lances, Heriberto Quirós desperdició dos ocasiones claras de acomodar la esfera en el tejido de Carmelita. Y lo logró al minuto 10.
Sandro Alfaro sacó de banda; el Chimy madrugó a Sánchez Lasso y al arquero Solórzano... Alajuelense abrió la cuenta. Hasta ahí, trazos nítidos de una trama sin recovecos. Los dardos del Chimy , de Sandro y de Essinho rozaban una y otra vez los guantes de un arquero que se debatía entre rebotes e inseguridad.
Fases de juego lento. Mitad confianza, mitad cautela, las incursiones manudas en los predios de Carmelita fueron cediendo. En el ambiente se respiraba tranquilidad. Tarde o temprano llegarían más balones a las redes de Solórzano.
Después de que Sandro estrelló un obús en el paral derecho (21'), el guardameta visitante se vio obligado a salir del área y derribar al Chimy. Los equipos se fueron al descanso. La tribuna se dedicó a esperar. La jerarquía era rojinegra. Ya llegarían más goles, ya llegarían...
Cartas de un buen lector
De entrada en el complemento, Ulrich Kowalcyk, técnico visitante, ordenó a Luis José Herra enfatizar su libreto en las líneas del factor sorpresa. El diestro mediocampista sería su principal intérprete en la conversión de teoría y práctica. Del pizarrón, Carmelita avanzaría al hecho. Del esbozo al nervio. Del seso al movimiento.
Sandro Alfaro cometió una falta clara a Jerry Alpízar dentro del área y el juez no dudó. Penal. Herra engañó a Mesén y las tablas se igualaron. Uno a uno, al 48'.
Con la táctica de sable y coraza que aportaron Mahoney, Hernández, Alpízar y Sánchez Lasso, Luis José se las ingenió para plantear desde el mediocampo la estrategia del fuego. Y Carmelita volcó el marcador.
Herra cobró un tiro de esquina que superó a Mesén en sus propias barbas, Mahoney rozó el balón e ingresó Hernández junto al poste de mano derecha para hundir la daga. Dos a uno y sorpresa. Dos a uno y ventaja (72').
Contra el cronómetro, la ecuanimidad rojinegra derivó en trizas. Mientras Guilherme Farinha se quedaba poco a poco sin respuestas, a escasos metros, en la caseta vecina, su colega y rival manejaba mejor las piezas.
A la postre, la evidencia. Los verdolagas se adjudicaron el triunfo después de un sobretiempo demasiado extenso (nueve minutos). En su primera salida al campo como estratega del cuadro de la barriada, Kowalcyk fijó un hito. Y Carmelita palpó un viejo sueño: hincar a la Liga, tras 41 años de hegemonía.