El absurdo de campeonatos mundiales casi sin descanso patentiza el caos existente hoy en día en el ajedrez, donde falta una mano firme que ponga fin al desbarajuste.
Kirsan Iliumshinov, presidente de la anémica Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), que mantiene en vida gracias a inyecciones de dinero de dudoso origen, es un hombre al que le falta la energía o la habilidad para poner fin al cisma creado en 1993 por Garri Kasparov.
Iliumshinov, presidente también de la repúblia autónoma rusa de Kalmukia, lindante con Chechenia, se limitó a "inventar" el Mundial de Ajedrez sistema nocaut entre 100 jugadores, que en su primera edición en Las Vegas hace dos años dio a luz al décimocuarto campeón mundial, el ruso Alexander Chalifman, que ocupa el lugar 25 en el ranking.
La próxima edición, del 25 de noviembre al 27 de diciembre, será más complicada aún, ya que comenzará en Nueva Delhi y terminará en Teherán. Gane quien gane, Kasparov seguirá calificándose de campeón mundial y nadie se atreverá a contradecirle, porque lo cierto es que tiene razón.
La FIDE le hace también el juego, porque en vez de suspenderlo lo mantiene en el primer lugar del escalafón y lo invita, además, a su campeonato oficial.
Falta saber si Kasparov acudirá a Nueva Delhi. Una victoria suya allí, lo convertiría en campeón del mundo por partida doble y acaso, entonces, comenzaría a vislumbrarse una solución.
Pero las cosas no son sencillas. El ruso Anatoli Karpov, que no acudió a Las Vegas por diferencias económicas con la FIDE, continúa afirmando que es campeón mundial por no haber sido vencido en el tablero.
Kasparov, décimotercer campeón mundial de la FIDE, provocó en 1993 el cisma en el mundo del ajedrez cuando, bajo el aliciente de premios millonarios, creó su propio trampolín, la Professional Chess Association (PCA) en contraposición a la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), hasta entonces la única competente para dirigir los destinos del juego ciencia.
Amenaza al rey
Kasparov, de 37 años y desde hace 15 el mejor jugador del planeta, disputa en los estudios Riverside de Londres "su" tercer campeonato mundial contra su compatriota y antiguo protegido, Vladimir Kramnik, de 25 años, quien está en el mejor momento de su carrera y podría darle un disgusto al "ogro de Baku".
Previamente Kasparov había vencido al inglés Nigel Short (1993) y al indio Viswanathan Anand (1995).
Ayer en la decimotercera partida del Mundial, Kasparov dio la impresión de tirar la toalla al pedir tablas a Kramnik, en 14 movimientos. Nadie se explica como el impetuoso Kasparov, a falta de tres partidas, con un marcador en contra de 5,5-7,5, y conduciendo las piezas blancas pida tablas a Kramnik en 14 jugadas.
Es evidente que algo le está ocurriendo a uno los grandes campeones de todos los tiempos que siempre ha sido admirado por su combatividad.
En unas declaraciones hechas después de esta partida, Kasparov, resignado y abatido, confesó que lo que le está pasando "es una larga historia que se sabrá después de este encuentro". Y añadió que "jugar dos partidas seguidas es muy cansado. Hace falta mucha energía para jugar con las blancas. He hecho lo que he podido".
Para conservar el título, Kasparov tendría que ganar dos partidas y hacer unas tablas. Tal como están las cosas, y teniendo en cuenta que Kramnik juega dos veces con blancas, ya se da por hecho que este será el nuevo campeón del mundo oficioso.
Después de 13 partidas, Kramnik aventaja a Kasparov por 7,5-5,5. Este Mundial se juega al mejor de 16, pero en caso de empate a ocho, Kasparov conserva el título. Las tres últimas partidas se juegan mañana martes, jueves y sábado de la presente semana.
De ganar Kramnik habría sin duda más posibilidades de llegar a un acuerdo con la FIDE para reunificar el título y poner fin a la anómala situación de dos campeones mundiales.
Nadie sabe en realidad cómo va a seguir todo. Lo más probable es que no pase nada: que Kasparov siga en sus trece --por cierto su cifra favorita-- y la FIDE con su campeón en la lotería del nocaut. La única esperanza para los ajedrecistas es que las cosas sólo pueden mejorar.