
El vínculo político entre Laura Fernández y Rodrigo Chaves no se replica por completo entre quienes respaldan la labor de la presidenta de la República, según la más reciente encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Aunque ambos liderazgos comparten una parte importante de su base, el 36% de las personas que se consideran seguidoras de Fernández no se identifica también con Chaves.
Para Ronald Alfaro, investigador del CIEP, el dato muestra que la adhesión a la presidenta no proviene exclusivamente de quien fue su antecesor y ahora es ministro de su gobierno.
“Yo entiendo que mucha gente puede percibir que este es el segundo gobierno de Rodrigo, pero hay muchos datos que no necesariamente apuntan en esa dirección”, explicó el investigador.
Chaves mantiene una influencia importante, agregó, pero Fernández también cuenta con un respaldo que trasciende la figura del expresidente.
La fuerza de esa identificación se refleja en la importancia que las personas atribuyen a declararse seguidoras de uno u otro liderazgo. Entre quienes se identifican con Chaves, el 70% considera importante o muy importante declararse seguidor suyo. En el caso de Fernández, esa proporción alcanza el 75%.
Para Alfaro, estos resultados deben entenderse como parte de un proceso todavía temprano de construcción de una identidad política alrededor del proyecto impulsado por Chaves y que llevó a Fernández a la Presidencia de la República como representante de su continuidad.
Las nuevas identidades políticas, explicó el investigador, necesitan acumular capital político, respaldo y una base electoral que les permita consolidarse.
Pero esa construcción ocurre mientras el gobierno de Fernández todavía atraviesa sus primeros meses. Alfaro advierte de que parte del apoyo que registra la presidenta podría estar relacionado con el denominado “bono” o “luna de miel” que suelen recibir las nuevas administraciones.
La incógnita, por tanto, es si esta identificación con Fernández se mantendrá conforme avance el gobierno y los electores cuenten con más elementos para valorar sus resultados.
Un respaldo con rasgos similares al de Chaves
La valoración positiva de la gestión presidencial de Fernández alcanza el 64,4%. Al desagregar ese respaldo según características sociodemográficas, la encuesta encuentra diferencias entre grupos.
La proporción de valoraciones positivas es mayor entre las personas identificadas con el género masculino en comparación con aquellas identificadas con el género femenino. Por edad, el nivel más alto se registra entre las personas de 35 a 54 años, mientras que por nivel educativo es mayor entre quienes cuentan únicamente con educación primaria.
En el ámbito territorial, los porcentajes más altos se observan en Puntarenas, Limón y Guanacaste. En contraste, la valoración positiva es menor entre las personas con educación universitaria y entre quienes residen en San José y Heredia.
“Estos patrones presentan importantes similitudes con los observados entre los grupos que registraban mayores niveles de respaldo a la gestión del hoy exmandatario Rodrigo Chaves”, señala el estudio.
Alfaro plantea que el momento político actual está marcado por un mayor peso de los liderazgos personales que de los resultados concretos de gobierno.
Si se pone en una balanza el personalismo frente a las “entregas” o resultados de gestión, sostiene el investigador, el primer elemento tiene actualmente mucho más peso.
Esa característica plantea un desafío hacia el próximo ciclo electoral. Si Rodrigo Chaves no puede ser nuevamente candidato y Fernández tampoco puede buscar una nueva elección inmediata, el espacio político construido alrededor de ambos liderazgos tendrá que encontrar quién lo ocupe.
Una mayoría fuera del chavismo y el antichavismo
La encuesta ofrece, sin embargo, otra señal sobre el estado actual de las identidades políticas en Costa Rica: la mayoría de la población todavía no se ubica en ninguno de los dos polos.
El 75% de las personas consultadas no se considera ni chavista ni antichavista. El 13% se identifica como chavista y el 12% como antichavista.
Para Alfaro, estos resultados cuestionan la idea de que Costa Rica ya esté políticamente organizada en dos grandes bloques enfrentados.
Existen dos grupos claramente identificados, pero ambos son minoritarios frente a una mayoría que todavía no adopta ninguna de esas etiquetas, aunque el investigador afirma que existe una clara división en el contexto nacional.
Cuando una identidad política está emergiendo, explicó el investigador, la ciudadanía se encuentra en un proceso de identificación. Por eso, la fotografía actual no permite saber todavía hacia dónde podría evolucionar esa mayoría.
Esto no significa que no exista división política. La diferencia está en la intensidad de esa división, según Alfaro: hay polarización, pero todavía no ha escalado a un nivel alto.
