Opinión

XXX

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Desde finales de los años sesentas el paisaje de los cines de San José se modificó radicalmente, pero quizá la última frontera era la de la pornografía. Y me parece bien que bajo cierto nivel de tolerancia sea el público prevenido y no la censura quien tome la decisión de qué ver y qué no. En el mundo de los videoclubs, Internet y la televisión por cable y por satélite, ¿qué sentido tiene mantener una hipocresía basada en la sexy comedia? El problema de fondo iba mucho más allá de una ingenua distinción entre cine erótico y, por lo tanto, aceptable, y el entonces intolerable porno puro y duro XXX.








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