Sabemos lo difícil que es negarse a sí mismo, tener autocontrol. Quienes lo logran son considerados personas de bien. La capacidad de dominar nuestro carácter implica ser comedidos, cautelosos y serenos. Sin embargo, vivir los valores por mera virtuosidad es un concepto que se queda corto ante su verdadero sentido.
Existen situaciones claras en las que uno puede probar su carácter para constatar la capacidad de negarse a sí mismo. Para los fumadores, dejar el vicio es una negación al hábito y al placer. Quienes intentan hacer dieta enfrentan la tentación al momento de cambiar el menú acostumbrado.
No obstante, negarse a sí mismo para agradar a Dios va más allá, es aprender a suspirar en vez de responder; es sonreír antes de reclamar, es bajar la mirada para no ser soberbio (Dios se opone a los orgullosos, pero trata con bondad a los humildes , Pr 3. 34). En la Biblia, Dios nos instruye sobre valores que hoy son escasos. Son valores que generan paz en la familia y en la sociedad. El dominio propio es luchar contra todo lo que nos aleja de la vida espiritual. Es poner en práctica la filosofía cristiana de liberación.
Lejos del ideal. Alimentar el espíritu no es solo necesario para tener un balance en la vida, sino que es la clave para confrontarnos con nuestras debilidades y comprender cuán lejos estamos del ideal divino de plenitud y obediencia. Esto no implica dejar de disfrutar la vida, sino reconocer que la verdadera felicidad radica en agradar a Dios (El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada, Jn 14.22)
El mejor ejemplo de humildad es Jesús, con sus enseñanzas y en especial sus acciones. Recordemos a un maestro lavando los pies de sus seguidores. Es Jesús quien habla de poner la otra mejilla y lo demostró enmudeciendo ante sus adversarios llegada la hora de su sacrificio. Por amor a Dios, entregó su vida y en su agonía oró por el perdón a sus verdugos (Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada , Is 53.10 ).
La vida y muerte de Jesús es el mejor ejemplo de negarse a sí mismo, pues gracias a ello hoy tenemos vida eterna (Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. Jn 6.38).
Presencia espiritual. Nuestra vida cobra sentido ante la promesa de vida eterna mediante el reconocimiento de Jesús como nuestro salvador (Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero, Jn 6.40). Hoy nos alegramos por su vida y presencia espiritual en quienes aman su nombre y practican sus enseñanzas.
Así, el dominio propio es una virtud de los sabios, es uno de los frutos del Espiritu Santo como evidencia de su poder renovador en nuestras vidas. ¡Pidamos a Dios paciencia, paz, amor y dominio propio para ponerlas en práctica!
Los que tienen la sabiduría que viene de Dios, llevan ante todo una vida pura; y además son pacíficos, compasivos, imparciales y sinceros, y hacen el bien. Y los que procuran la paz, siembran en paz para recoger como fruto la justicia (Stg 3.17).
¡Es hermoso leer estas palabras, cuánto más hermoso es ponerlas en práctica por amor a Dios!:
Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud (Sal 143. 10).