Nos decimos paisanos cuando pertenecemos al mismo país, lo que también significa que compartimos el mismo paisaje. Por lo que imagen y paisaje, a su vez, quieren decir esencia, diferencia, manera de ser, visión, manera de caminar, de escuchar, de sentarse, de cantar, de amar, de comunicarse, de resolver las diferencias, de comer y de lo comido, de vestir y, por supuesto, de crear y de soñar.
Y todas estas acciones van conformando en nuestro quehacer cotidiano una cultura.
En ese diario vivir, los seres humanos nos hacemos una inmensa cantidad de preguntas, que provocan un universo de respuestas propias, diferentes y diversas. Cuando esas respuestas diferenciadas a hechos cotidianos se hacen coincidentes, nos identificamos y surge en nosotros el sentido de pertenencia.
A partir de esa pertenencia los creadores aspiran a levantar el vuelo de la imaginación y la creatividad, desde su propio pedazo de tierra, y ascender al firmamento de lo universal.
En eso hemos estado empeñados cientos de costarricenses dedicados a la creación y búsqueda de imágenes cinematográficas propias durante los últimos 30 años.
Por ello no puedo dejar pasar por alto el vitriólico comentario que publica La Nación el día primero de abril. Desconozco totalmente a la persona que lo escribe, pero el tono, los contenidos, el enfoque, la arrogante vanidad seudointelectual del autor reflejan a una persona desarraigada de lo nacional, que pretende, desde su ignorancia cinematográfica y aprovechando el espacio que le brinda el periódico más importante del país, destruir lo que con tanto esfuerzo estamos empeñados en construir los costarricenses.
Es falso, malintencionado y mezquino negar los muchos valores cinematográficos que tiene la película Mujeres apasionadas.
Los costarricenses merecemos desarrollar nuestro cine, a nuestra manera, dentro de nuestras posibilidades, con nuestra gente y para nuestra gente.
Por eso, en referencia al comentario publicado, hago mías las palabras de la genial novelista inglesa Virginia Wolf : “Sólo desprecio puedo sentir hacia quienes intentan erigirse en mediadores entre mi obra y el público”.