Un universitario debiera ser lo contrario a un salvaje. Sin embargo, en el país parece que los términos se vuelven sinónimos.
Desde la ventana de mi oficina observé con gran detalle cómo el 26 y el 27 de agosto muchos “universitarios”, con una manta que decía “Federación de Estudiantes de la UCR”, se dedicaron a bloquear el paso en la rotonda de la Hispanidad, y a lanzársele, cual horda de salvajes, a cuanto ciudadano trataba de hacer valer su derecho. Una cosa es manifestarse civilizadamente, otra cosa es cometer actos vandálicos.
Valiéndose de la cobarde fuerza que brinda la turba, que permite superar en número a la víctima para violarla flagrantemente, dejaron de lado sus valores universitarios (si algún día los tuvieron), se convirtieron en cualquier delincuente, y, al estilo de las barras de futbol, comenzaron el circo de salvajadas que el individuo hace como animal, escondido dentro de la manada
Grandes perdedores.Estos individuos, mientras violaban derechos, vociferaban frases diciendo representar a la Universidad, dejando a toda la comunidad universitaria muy mal parada, principalmente a la mayoría de estudiantes que sé que no comparten sus posiciones o aprueban ese comportamiento. Los universitarios dignos son los grandes perdedores con “representantes” así.
Ya de por sí, estos “universitarios” están siendo terribles ciudadanos al bloquear el paso por una vía pública, desconociendo y prohibiendo un derecho constitucional al resto de sus semejantes. Si ni quien estudia en la universidad conoce y respeta las leyes y principios básicos de convivencia, ¿cuál será, entonces, el verdadero grado de civilidad de nuestra sociedad?
Sería digno de admirar que los actores universitarios utilizaran su potencial y capacidades para buscar soluciones civilizadas a los problemas que aquejan a la sociedad. Fantástico sería ver a las facultades y escuelas analizando los problemas y promoviendo soluciones desde sus distintas perspectivas. Con que al menos los profesores y autoridades académicas hablaran con los alumnos y los persuadieran a recurrir a vías civilizadas, respetuosas y racionales, en lugar de ir como salvajes a irrespetar los derechos de la ciudadanía, me quedaría contento.
A vista de todos. A la rectora de la Universidad de Costa Rica, junto con las demás autoridades, profesores, funcionarios y estudiantes debería darles tremenda vergüenza que en su universidad estudien personas que, ante los ojos de toda la población, se comportan como turbas vandálicas, incivilizadas y salvajes.
Por otro lado, me gustaría ver a una Policía más pronta en actuar en estos casos, puesto que, si es ilegal bloquear calles, su deber es hacer de inmediato lo necesario para quitar ese bloqueo, en lugar de dejar que suceda por horas ante sus propios ojos. Eso es incumplimiento del deber.
Ciudadanos universitarios así son los que el país no necesita, y a los que no se les debería continuar pagando sus estudios con el dinero extraído a la fuerza mediante impuestos a los demás ciudadanos, a los que aquellos violan sus derechos impíamente. Lo que esperamos de una universidad es que dé a la sociedad personas civilizadas, capaces de buscar y lograr su avance mediante la aplicación del conocimiento, no salvajes.