En la guerra siempre resulta culpable el bando que la pierde; de ahí la expresión del galo Breno Vae victis! al colocar su espada sobre la balanza que pesaba el oro que le exigía a Roma como precio por la paz. “Pero como una mala paz no se soporta, la guerra será un hecho repetido en tanto dure la injusticia humana, pues el hombre está condenado a ser libre por las buenas o por las malas” (A. Guillén).
Algunos creen, con Carlos Marx, que “la violencia es la partera de la historia”, y que para lograr la paz hay que hacer la guerra. Es difícil que sigan el camino del derecho los que solo confían en la violencia para resolver sus controversias, pero deben saber que simultáneamente no se pueden seguir ambos caminos, y que el país que ataque a otro puede perder, aunque sea más fuerte, si su ataque, preventivo o no, desata una guerra internacional. Se puede imponer por la fuerza una dictadura política de izquierda con capitalismo de Estado, o una de derecha con dictadura del capital privado en el campo productivo empresarial. Pero una democracia, en que la voluntad libre individual es la creadora del derecho y del Estado, con un gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, solo ese pueblo puede establecerla. “…but you can’t fool all of the people all of the time” (Lincoln).
Resolución de controversias. Solo el derecho justo sostiene la paz. Para que las controversias entre los países se resuelvan legalmente sin recurrir a la violencia, la ONU debe contar con un derecho internacional justo y coercitivo que le respete a uno lo que es suyo. Para que en cada país las controversias entre el capital y el trabajo en el campo productivo se resuelvan legalmente sin recurrir a huelgas violentas, el empresario debe asociar al trabajo pasado (capital) con el trabajo presente (asalariados) para que produzcan riqueza con eficiencia y la distribuyan simultáneamente con justicia entre ellos, conforme la proporción entre los salarios y los intereses del capital lo determine. Los asalariados destinan lo que les toca al pago de acciones laborales para acabar con la dictadura corporativa espuria que los limita económicamente al salario que reciben y que los margina jurídicamente al no tomarlos en cuenta. Al asociar la corporación (sociedad anónima) a los trabajadores, el sindicato no tendría nada que hacer porque el origen de la violencia ya no existiría. La asociación solidarista representa las acciones laborales en la asamblea de socios, y el Estado tutela el bien común y procura la disminución de la brecha social, la económica y la tecnológica. “Libre, dentro del concepto libre empresa, debe entenderse como libertad para crear una empresa, no para hacer con ella lo que uno quiera” (Friedman). Sin paz no hay democracia, sin justicia no hay paz, sin libertad no hay justicia, y sin solidaridad no hay libertad. ¿Para qué indicadores económicos sin democracia económica?
La espada y la balanza han sido sustituidas por instrumentos más sofisticados para cobrar el precio por la paz. Cuando los ataques y las guerras tienen un origen económico, las bolsas de valores indican el éxito o el fracaso, y aunque se esconda, nada hay tan oculto que no se haya de manifestar ni tan secreto que al fin no se sepa. A los que desfilan a favor o en contra de la violencia según sus intereses del momento, les decimos: “Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (San Lucas, XII:2).