Fernando Contreras tiene la enorme capacidad poética de introducir belleza, amistad y hasta una historia de amor en medio de ese constante olor a podredumbre, suciedad y mosquerío que se desprende de los cientos de toneladas que día a día arrojan los camiones transportadores de basura producida en la Gran Área Metropolitana. Igualmente, los personajes que dan vida a la novela, sucios, de piel renegrida, pelo tieso del tierrero que contiene y vestidos de andrajos, se nos vuelven entrañablemente queridos y su destino trágico nos angustia como si se tratara de amigos de toda la vida.
Madre proveedora. Única es única por su bondad de madre y capacidad de proveedora de comida, perfumes, pasta de dientes y mil cosas que llegan con la basura. Encuentra Única entre la basura un hijo y un hombre –totalmente derrotado, tanto que él mismo se lanzó a un camión que lo llevó a Río Azul– que llegará a ser su marido. El matrimonio de Única con este hombre lo realiza un sacerdote que se consagró a sí mismo después de haberse encontrado una túnica púrpura, y la fiesta consiguiente con la asistencia de numerosos buzos es de una ternura y un optimismo conmovedor pues se trata de seres humanos situados en el escalón más bajo del orden social, mostrando una capacidad para reciclarse, embellecer su vida con el amor, todo sin salirse del basurero de Río Azul y sus implacables leyes nacidas de una realidad putrefacta, maloliente y llena de moscas.
La casualidad ha querido que termine de escribir estas líneas el 31 de julio del 2007, día en que se cierra oficialmente Río Azul y 14 años después de haber escrito Fernando Contreras su valiosa novela.
P.S.Río Azul parece tener más vidas que un gato. Al día siguiente de haberse declarado oficialmente cerrado, las municipalidades de Curridabat, Moravia, Coronado y Alajuelita no tienen dónde tirar basura, y los posibles botaderos carecen de vías en buen estado para soportar el paso de los camiones cargados con los desechos, por lo que ya se habla de prolongar en 18 meses la vida de Río Azul.