Las instituciones no nacen en una campana de vacío. Difuso, ancho, complejo: he ahí cómo describiría yo el organismo conocido por las siglas Unesco: “United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization”. No hay mayor problema con “Scientific” y “Educational”, pero el término “Cultural” viene a complicarlo todo. Porque aquí la cultura no está concebida únicamente como el equivalente de las bellas artes, sino como la totalidad de la realidad social del ser humano. La cultura es precisamente el caldo en que vive, sueña y produce esa contradictoria criatura que conocemos como H omo sápiens , homo faber o res cogitans , como ustedes prefieran. La palabra “cultura” tiene, en el contexto de la Unesco, una amplitud omni-englobante. Lingüística, filosofía, comunicación, cibernética, semiótica, semiología, historia, ética, bioética, tecnociencia, religión y un sinfín de etcéteras.
Ilustración francesa. ¿A qué momento histórico nos remite este titánico esfuerzo de sistematización pluridisciplinaria del conocimiento humano? A la segunda mitad del siglo XVIII, al período “de las luces” y, para ser más precisos, al movimiento enciclopedista francés y sus más señeros representantes: Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu, D´Alembert. Fue bajo la guía tutelar de estos extraordinarios intelectuales cuando Occidente, preocupado por la creciente diversificación de las ciencias y las artes, intenta conformar un corpus organizado de la totalidad del saber.
El enciclopedismo francés es el directo precursor histórico de la Unesco. Claro está que la gestión de los enciclopedistas fue más teórica y libresca, mientras que la Unesco tiene una mucha mayor proyección y militancia sociales; empero, tampoco debemos olvidar las encendidas beligerancias de la Enciclopedia.
La primera alusión alegórica al multiculturalismo –uno de los conceptos axiales de la Unesco– nos la ofrecen las Cartas Persas, de Montesquieu, en que el autor osa lo impensable: ver el gran poder hegemónico francés desde la óptica de un extranjero: ¡Francia convertida por una vez en país “exótico”! Y desde la perspectiva de este observador –que escribe periódicamente cartas apócrifas a un amigo lejano– el país de Molière emerge en todas sus arbitrarias prácticas sociales, en sus aberraciones, en su extravagancia e incoherencias ideológicas. Ahí tenemos ya el germen de la visión multicultural del mundo. Lo universal que se relativiza, la desestabilización de un sistema de valores monolíticos que adviene cuando son vistos desde la mirada del otro.
Crítica del colonialismo. Pasemos a otro de los grandes ejes temáticos de la Unesco: la crítica del colonialismo y el reconocimiento de sus degradantes efectos sobre el ser humano (ambos: del “carcelero” tanto como del “prisionero”). Ya Voltaire, en su novela Candide (ironía sangrante, sonrisa a través de las lágrimas), describe la visión de un esclavo negro de Surinam que yace con un brazo y unas piernas cercenadas. “Es a este precio que en Europa se dan ustedes el lujo de comer azúcar”, observa uno de los personajes.
No hay lector que no se estremezca al llegar a este pasaje. El colonialismo es aquí expuesto por el lúcido Voltaire como una de las formas de sojuzgamiento más abyectas de que se tiene memoria.
Hoy no tenemos ya a Montesquieu ni a Voltaire, pero en la Unesco cientos de intelectuales retoman los viejos tópicos de la Aufklarung , del iluminismo, con mayor instrumental epistemológico, es cierto, pero no con mayor severidad crítica. La Enciclopedia es la Unesco del siglo XVIII; la Unesco, la Enciclopedia del siglo XXI. (Ello no significa que me tome a mí mismo por el Voltaire contemporáneo: la aclaración debe ser hecha para los pigmeos intelectuales que leen las cosas deliberadamente mal, con el objeto de usarlas después en contra de uno).
Dimensión política. Ambas instituciones tienen una importante dimensión política. “Francia no prosperará hasta que el último rey sea ahorcado con las tripas del último cura”, sentencia un temerario Voltaire en pleno régimen de Luis XVI. La Unesco ha impugnado también las dictaduras del mundo entero, la injusticia social, las políticas hegemonistas y todo aquello que conspira contra la libertad –comenzando por la ignorancia, la primera de las esclavitudes–.
La Unesco viene a erigirse a sí misma en algo parecido a la conciencia lúcida del planeta. Un triunfo del noble humanista sobre el feroz licántropo que todos llevamos por dentro. Una de esas instituciones que el hombre crea, paradójicamente, para protegerse de sí mismo.
Creo en ella, y con abrumador sentido de responsabilidad, pero también con indecible gozo, me integro a su gestión libertadora y humanizante.