Cosechando los dividendos de la paz y en gran medida gracias a ese modesto pero razonable bienestar social que hemos alcanzado como país, los costarricenses también podemos mostrar logros importantes en el tema de la conservación y manejo racional de la naturaleza, lo que de hecho nos produce satisfacción y es igualmente ejemplo para el mundo. Reconociendo que aún tenemos mucho que corregir y superar, creo que frente al nuevo milenio y tomando en consideración las tendencias mundiales, Costa Rica tiene ante sí una oportunidad de oro, una gran ventana de oportunidad, para convertir la naturaleza en uno de los pivotes de su futuro desarrollo, por su propio bien y el de la humanidad.
Naturalmente ricos
Somos un país bendecido por Dios o por la naturaleza, como queramos verlo. Lo podemos testificar quienes hemos tenido la buena fortuna de poder recorrer muchos de sus senderos, conociendo buena parte de su territorio, recreándonos en la belleza de sus paisajes formados por ríos, bosques, montañas, llanuras, costas y mares, admirando la extraordinaria diversidad de plantas y animales y disfrutando los rasgos culturales de su gente y de sus pueblos.
Existe una amplia gama de razones biológicas, geológicas, geográficas y climáticas que explican el hecho de que este pequeño país tenga una riqueza natural asombrosa, que permite afirmar, con toda rigurosidad científica, que Costa Rica es una de las regiones del mundo donde existe mayor concentración y diversidad de seres vivos ubicados en una igualmente amplia gama de paisajes y formaciones naturales. Lo vemos en los páramos del Chirripó, en los bosques nubosos del Braulio Carrillo, en los manglares del Golfo de Nicoya, en las playas de arenas blancas de Manuel Antonio o en los arrecifes de Cahuita.
Toda esta riqueza natural es el resultado de un largo proceso que se inició hace unos 3.000 millones de años y que ha alcanzado un clímax precisamente en nuestra época. Nunca antes existieron tantas y tan diversas formas de vida como las que hoy pueblan la Tierra. Pero por diversas razones naturales, más de la mitad de todos los seres vivos que existen se concentran en las regiones tropicales del mundo, las cuales ocupan una pequeña fracción de la superficie terrestre, y en ella se encuentra nuestro pequeño país. Otro hecho interesante que explica nuestra riqueza natural es que en tiempos geológicos recientes, un enorme canal interoceánico ocupaba el sitio del territorio actual de Costa Rica. El choque de las placas Caribe y Cocos, unido a una intensa actividad volcánica, determinó que ese canal se poblara de islas que gradualmente formaron un puente -Costa Rica- que unió las masas continentales de Norte y Sur América. Nuestro territorio se convirtió así en punto de encuentro y tránsito de especies de plantas y animales terrestres del norte y del sur, lo cual, unido a sus características topográficas y climáticas, favoreció la aparición de nuevas especies de organismos conocidos únicamente en esta región.
Por todas estas razones estoy muy de acuerdo con E. O. Wilson, un distinguido biólogo y escritor, quien afirma que los países tienen tres tipos de riqueza: la material, la cultural y la biológica. Nuestra vida diaria gira en gran medida alrededor de asuntos materiales y culturales, razón por la cual los comprendemos un poco mejor. Pero por las razones antes descritas, tenemos además un riquísimo patrimonio natural del cual debemos estar orgullosos y ser conscientes de su valor; una flora y una fauna producto de millones de años de evolución, centradas en este pequeño territorio.
Precisamente por las particularidades de nuestra evolución cultural, fuertemente ligada a los asuntos materiales, las sociedades modernas se han distanciado mucho del mundo natural, que nos puede llegar a parecer ajeno, extraño o desconocido. Este desconocimiento de la naturaleza nos ha llevado a destruirla sin percatarnos de las consecuencias de nuestros actos, tanto para los humanos como para todos los seres vivientes que habitan el planeta.
No podemos valorar lo que no conocemos. Decía alguien que "Ö conservamos lo que amamos, amamos lo que entendemos, y entendemos lo que se nos enseña".
Buenas y malas acciones
Desde que los humanos aparecimos sobre la faz de la Tierra, todas nuestras actividades, como agricultura, pesca y desarrollo urbano, han tenido un impacto directo en la naturaleza. Es claro que en la búsqueda de alimentos y en la generación de bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades y ambiciones, hemos ocupado espacios antes habitados por otros seres vivos y desarrollado procesos y actividades que cada vez más interfieren en los procesos básicos que permitieron hasta ahora la vida en la Tierra. Es lógico pensar que debemos seguir atendiendo nuestras necesidades básicas, el reto es que debemos hacerlo de manera diferente a como lo hemos hecho.
El problema de la destrucción de la naturaleza es de extrema gravedad y no puede seguir enfrentándose con actitudes románticas, simplistas o dogmáticas. Los humanos somos muy dados a llevar las cosas a extremos absurdos, en un sentido o en otro. No estamos hablando de un conservacionismo a ultranza opuesto al desarrollo, ni de un desarrollo a costa de nuestro mundo natural. El reto es encontrar un término medio, un desarrollo sostenible en el tiempo por nuestro propio bien.
La comunidad científica internacional viene dando una creciente voz de alarma sobre los problema que estamos enfrentando como resultado de la destrucción de la naturaleza, que ya está teniendo consecuencias graves para nuestra generación y que lamentablemente serán mayores para las futuras generaciones. Los humanos nos hemos constituido en una fuerza con un poder destructivo de tal magnitud que en este momento está en nuestras manos el futuro de prácticamente todos los seres vivos con los cuales compartimos el planeta, incluidos nosotros.
Lo interesante es que aquí en Costa Rica sí hemos estado haciendo algo con respecto a cambiar nuestro modelo de desarrollo. Creo que uno de los mayores logros como país es haber iniciado, hace varias décadas, el desarrollo de una conciencia pública sobre el problema y las implicaciones de la masiva y brutal destrucción de nuestro medio natural. Una clara muestra de esa conciencia es la denuncia pública, la molestia e indignación que causan cada vez más en los costarricenses cosas como los focos de deforestación que aún tenemos en bosques preciosos como los de la Península de Osa, la matanza de tortugas en las costas o la gravedad de la degradación del bellísimo Golfo de Nicoya.
Gracias a que pasamos del dicho al hecho, a que no nos hemos quedado en la queja y la denuncia, dejamos de ser uno de los países con una de las mayores tasas de deforestación, reverdeciéndonos y convirtiéndonos en uno de los países con un mayor porcentaje de su territorio en áreas silvestres protegidas, públicas y privadas, alcanzando en su conjunto ya cerca de un tercio. Pero hemos ido más allá. La evolución del pensamiento conservacionista nos ha llevado a ser quizá el primer país en plantear y comenzar a poner en práctica una propuesta de ordenamiento territorial. Este modelo plantea tres grandes tipos de uso de la tierra claramente delimitados: las áreas silvestres protegidas, las áreas de desarrollo urbano y las áreas dedicadas a la agricultura, ganadería y otras formas de explotación de recursos naturales cultivados.
Las tres categorías de uso deberán generar bienes y servicios de valor para la sociedad. Veamos cómo las áreas silvestres protegidas están ya contribuyendo a nuestro bienestar. El esfuerzo nacional por conservar la naturaleza, unido a otras cosas como la belleza natural, las características de nuestra gente y el ambiente de paz y democracia, empezaron a atraer la atención de visitantes que en número creciente llegan a nuestro país. Revistas extranjeras como Geo en España, Airone en Italia, National Geographic en Estados Unidos y la Revista del Hogar de Japón, destacan en numerosas páginas y fotografías la belleza de Costa Rica, de nuestra naturaleza y nuestra gente, siendo "Öla imagen más cabal de un paraíso" o "Ödonde el trópico se desborda".
En los últimos 10 años, siete millones de turistas han venido a Costa Rica y una de sus principales actividades es la visita a bosques y costas. Esto ha significado un aporte a nuestra economía de una suma cercana a los US$800 millones por año, el consumo de productos agrícolas alimenticios frecuentemente en el mismo lugar donde se producen, la oportunidad de mejores fuentes de trabajo para mujeres y hombres, integrados cada vez más en organizaciones comunales que ofrecen al visitante, nacional o extranjero, mayores opciones interesantes durante su visita. Desde luego que no todo se ha hecho bien, se han dado problemas e impactos ambientales negativos que bien pueden enmendarse, pero el punto es que el balance para el país y para su naturaleza es claramente positivo.
Una ventana de oportunidad
Decía alguien que uno no ve lo que ve todos los días. Quizá por eso muchos costarricenses todavía no se han percatado de la magnificencia de nuestros bosques, costas y mares y de las oportunidades que nos ofrecen. Estas obras de la naturaleza, que requirieron muchos millones de años para formarse, son algo así como el equivalente de los museos, palacios y catedrales góticas de las grandes ciudades europeas. Representan nuestra riqueza natural, que muchas gentes desean conocer y disfrutar, como se disfruta una obra de arte o una belleza arquitectónica en Madrid, Roma o Londres. Y como es lógico pensar, a estas visitas se les puede agregar aun mayor valor, con mejores guías, más educados y capacitados, con más y mejores textos ilustrativos, con mayores opciones de cosas que ver y hacer en pueblos y ciudades limpios y cultos.
El caso del turismo naturalista es solo un ejemplo de cómo podemos utilizar de manera inteligente nuestra naturaleza, sin destruirla, convirtiéndola en un verdadero instrumento para el desarrollo del país, cuyos beneficios sean compartidos de manera justa y equitativa por nuestra población. Porque, obviamente, si una comunidad rural puede ver los beneficios que le trae a su calidad de vida la conservación inteligente del medio ambiente, será naturalmente su mayor defensora.
Existen muchas otras formas en que podemos utilizar de manera no destructiva toda esa gama y conjunto de seres vivos que conforman nuestra biodiversidad. Tal y como lo hemos hecho los humanos desde que pusimos los pies sobre la Tierra, utilizando las herramientas modernas de la ciencia y la tecnología, solos o en alianza con el mundo desarrollado, podremos sin duda alguna obtener de ella nuevos productos para la agricultura y la alimentación, la medicina y la salud, la industria biotecnológica y la cosmética, entre muchas otras cosas. Tanto en nuestras universidades como en el INBio y en otras entidades privadas, se trabaja ya en la búsqueda de usos novedosos y sostenibles de los organismos que pueblan nuestros bosques y mares.
Los avances logrados en este campo permiten afirmar sin lugar a dudas que el país tiene un enorme potencial, que empezamos modestamente a descubrir, para orientar y promover su desarrollo científico y tecnológico, en alianza con los sectores público y privado, dentro y fuera de Costa Rica. En lo que hemos hecho, también hemos innovado, estableciendo precedentes a nivel mundial de cómo un país tropical pequeño tiene sobrada inteligencia para suscribir convenios colaborativos con la gran industria del mundo desarrollado, contribuyendo a la vez a nuestro desarrollo científico y tecnológico, al uso inteligente de su biodiversidad, asegurando una participación justa y equitativa en los beneficios económicos que se deriven de esas investigaciones.
Los bosques y mares son también bibliotecas. La riqueza biológica del país, los logros en su conservación, la apertura de nuestra sociedad al visitante y nuestra valoración de la educación han contribuido a que un número creciente de entidades educativas nacionales y de muy diversas partes del mundo estén convirtiendo a Costa Rica en un verdadero centro de educación e investigación científica en biología tropical. A esto han contribuido notablemente los esfuerzos del Museo Nacional, las universidades y el INBio, en su búsqueda del conocimiento de la biodiversidad del país.
Nuestro país es también pionero en promover la valoración de servicios llamados ambientales, que prestan particularmente los bosques y que son los que verdaderamente nos permiten tener cosas como aire limpio para respirar, agua para beber o para generar electricidad. Sin ellos, no tendríamos esas cosas tan básicas para nuestra existencia. La valoración de esos servicios, a los que puede añadirse la protección de la biodiversidad y de las bellezas escénicas, y la retribución económica a quienes lo hacen, ofrecen la oportunidad no sólo de conservar nuestra extraordinaria naturaleza sino también de crear novedosas fuentes de ingreso para un gran número de costarricenses, propietarios de tierras en su mayor parte de vocación forestal.
Una nueva cultura
He señalado algunos ejemplos de las formas en que podemos utilizar inteligentemente nuestra naturaleza, pero existen muchas otras maneras y razones por las cuales debemos hacerlo. La naturaleza nos ofrece también la oportunidad de desarrollar valores éticos, religiosos y morales, para construir una nueva cultura basada en el respeto a la vida en todas sus formas.
Comprendiendo la naturaleza, comprenderemos el significado de la vida; el cómo diversas formas de seres vivos coexisten de manera armónica en un sitio compartiendo sus recursos; cómo todas las cosas vivientes están ligadas y son parte de una sola trama; por qué los seres humanos somos parte de esa naturaleza y no seres extraterrestres que llegamos de algún planeta lejano; por qué, si queremos verlo desde un punto de vista religioso, somos también custodios de la obra del Creador.
Para entender todas estas cosas debemos "bioalfabetizarnos", aprender a leer y entender el lenguaje de la naturaleza, lo cual nos llevará naturalmente por una senda que nos conducirá hacia una nueva ética, fundamentada en valores de comprensión y respeto a la vida en todas sus formas y expresada en cambios de actitudes y comportamiento hacia esta tierra que habitamos.
Lógicamente, hacer realidad el sueño de esa nueva cultura es una tarea de todos los sectores de la sociedad sin excepción; todos tenemos la responsabilidad de participar y contamos con el poder de actuar como individuos. Un número creciente de costarricenses ya estamos haciéndolo. Si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Con la demostración de nuestros logros, un país pequeño como el nuestro podrá sin duda alguna contagiar de ilusión, optimismo y esperanza a todo el mundo, ávido de conocer casos de éxito.
La decisión es nuestra; Costa Rica será lo que nosotros queramos hacer de ella.
(*) Director general del Instituto de Biodiversidad