En ese ya permanente esfuerzo por sacar a esta administración y a su cabeza del despeñadero de desconfianza en que la hundieron los costarricenses, el país ha sido saturado en los últimos días de anuncios y actos alrededor de pretendidos logros oficiales.
Es más, bajo el estribillo de que los tiempos que vienen serán mejores, no hay funcionario o institución que no pierda un minuto con tal de sumarse a una campaña que resulta chocante.
Más lo es si el propio ministro de Planificación, Leonardo Garnier, cuando comparece ante la prensa, admite que no revelan aquellos campos en que no cumplieron o cometieron errores porque son de "uso interno del Poder Ejecutivo". ¡Ha visto usted semejante cálculo!
¿Se les puede creer entonces?
¿Se les debe admitir, de buenas a primeras, ese vuelo de campanas sobre el lecho de rosas en el que ellos creen que se encuentra el país?
Difícilmente.
Pregúntele al costarricense de la calle qué credibilidad le da a tanto anuncio de supuestos logros (financiados con fondos públicos) y la respuesta es de duda, cuando no de malestar.
Ni en salud, ni en pobreza, mucho menos en seguridad se palpa mejoría. El más reciente caos en las farmacias de la Caja --muestra ínfima pero dramática del abandono oficial al sector-- es solo parte de lo que contrasta, en muy mal momento, con la "realidad" que pretende entronizar la publicidad oficialista.
Cabe entonces cuestionar: ¿no les dará vergüenza despilfarrar recursos del contribuyente en este tipo de campañas? ¿No creen que es necesario frenar tanto culto a la vanidad de gobernar?