En 1958, con motivo del centenario del nacimiento de don Cleto González Víquez, la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica instituyó el premio que lleva el nombre del ilustre patricio, abogado, historiador y dos veces presidente de la República. Así honra por siempre la memoria de esa figura señera de la historia patria y referente indiscutible de nuestra vida democrática, al tiempo que premia anualmente a la mejor obra de carácter geográfico o histórico con tema nacional editada el año anterior.
El 19 de noviembre, en solemne ceremonia, la Academia entregó el Premio Nacional de Historia Cleto González Víquez 2002 al excelente libro Ideárium maceísta , Junto con hazañas del general Antonio Maceo y sus mambises en Costa Rica, 1891-1895, del renombrado periodista y escritor don Armando Vargas Araya, quien lo agradeció dictando una soberbia lección magistral relativa, principalmente, a la utilidad y el propósito del conocimiento de la historia.
El valor de todo premio al mérito intelectual lo determinan –aparte de la calidad intrínseca de la obra laureada– el prestigio de la entidad otorgante, el nombre del galardón asociado a la memoria de una persona excepcional y la reputación de quien lo recibe. Porque en él concurren a cabalidad todos esos factores, el “Cleto González Víquez” del 2002 posee valor superlativo.
Rigurosidad y erudición. Al escoger esta obra de entre varias muy notables, el jurado –compuesto por los académicos doctor Carlos Araya Pochet, licenciado Edwin León Villalobos y doctor Luis Fernando Sibaja Chacón– reconoció, como casi todos quienes hemos leído Ideárium maceísta , la importancia de su aporte al conocimiento de la historia de nuestro país, del Caribe y de toda América, así como su rigurosidad metodológica y su erudición.
El libro –que contribuirá a la elevación cultural y espiritual del ciudadano, así como a la reafirmación de la identidad nacional– ha sido muy celebrado en círculos académicos y políticos, en especial de Cuba y Costa Rica, por la admirable dedicación y el real espíritu de cruzado con que el periodista Vargas Araya, trocado en excelente historiador, recorrió por años bibliotecas y archivos europeos y americanos, verificó los hechos de su biografiado directamente en los escenarios en que discurrió su vida y escribió con inspirada pluma la que probablemente sea la obra cumbre sobre ese gigante de la lucha independentista de Cuba y, en general, de los pueblos de la América Hispana que se llamó Antonio Maceo Grajales.
Cuando el autor tenía 12 años de edad, su tía Azucena lo invitó a presenciar el acto cívico con que, frente al busto de Maceo en San José, celebró el exilio cubano la caída de Fulgencio Batista, el tirano de turno en la isla. “A partir de ese instante –dice él mismo–, un agudo sentido de curiosidad siempre me condujo a escudriñar la vida, el ejemplo y el mensaje del LIBERTADOR”.
Aventura intelectual. No sabían entonces tía ni sobrino que aquella experiencia sería, para el niño, el inicio de una extraordinaria aventura intelectual que culminaría años más tarde con un libro extraordinario que relata minuciosamente la vida y la obra del cubano ejemplar que consagró y ofrendó su existencia a la causa de la libertad de su pueblo.
Con Ideárium maceísta –obra lúcida, ilustrativa y útil sobre la historia y la idiosincrasia de cubanos, costarricenses y latinoamericanos– une su nombre el autor, periodista sobresaliente e historiador consumado, al de los magníficos historiadores que recibieron el Premio Nacional de Historia Cleto González Víquez, entre ellos don Luis Felipe González Flores y don Carlos Meléndez Chaverri, y al de destacados periodistas como don Ricardo Fernández Guardia, que, al impulso de elevados afanes intelectuales incursionaron, con aguda percepción, en el estudio de la Historia.
Desde ahora, en esa enaltecedora compañía quedará por siempre el nombre distinguido del periodista –¡e historiador!– Armando Vargas Araya. ¡Enhorabuena!