Opinión

Un hito demográfico

Fecundidad de reemplazo en Costa Rica

El año pasado Costa Rica alcanzó un hito demográfico: la fecundidad de reemplazo. Es el segundo país latinoamericano en alcanzarlo después que Cuba lo hizo hace cerca de 20 años, pero en circunstancias muy particulares. Este hito importante en la demografía del país es una buena noticia, aunque, como en todo, con cierto lado negativo.

La buena noticia es que Costa Rica está en camino de estabilizar su población, y las parejas están logrando sus preferencias reproductivas (antes tenían más hijos de los que querían). La mala noticia es la posibilidad de que este sea el signo de que nos encaminamos a una crisis demográfica como la que aflige a los países europeos del Mediterráneo.

¿Qué es la fecundidad de reemplazo? Técnicamente es una tasa neta de reproducción de 1,0, según la cual cada mujer, antes de morir, deja una descendiente mujer en promedio o, dicho de otro modo, cada generación se reemplaza por otra de exactamente el mismo tamaño. Llegar a esta tasa de 1,0 depende no solamente de la fecundidad, sino también de la mortalidad o, más precisamente, de la proporción de mujeres que llegan con vida al final del periodo fértil.

En países de baja mortalidad, como Costa Rica, donde más del 95% de mujeres llegan con vida a la edad de 50, el reemplazo se logra con una tasa global de fecundidad de 2,1 hijos por mujer, como la alcanzada en el 2002. En países de África, agobiados por el sida y otras causas de mortalidad, la tasa de fecundidad de reemplazo puede ser de cuatro hijos.

Avance por inercia. ¿Qué implicaciones tiene el reemplazo para el crecimiento demográfico? Técnicamente significa una “tasa intrínseca de crecimiento” poblacional de cero o, en palabras de Alfred Lotka, una población con una “capacidad fundamental de multiplicación” nula. Esto es similar a lo que sucede cuando el conductor deja de pisar el acelerador de un carro en movimiento. La velocidad intrínseca del carro se vuelve cero, aunque continúa avanzando debido a otras fuerzas como la inercia o la gravedad.

Lo mismo sucede con el aumento de la población. Aunque Costa Rica quitó el pie del acelerador de la fecundidad y tiene una tasa intrínseca de crecimiento cero, la población continuará aumentando por inercia demográfica y por la inmigración internacional. Si al país dejaran de llegar flujos migratorios, paulatinamente nos iríamos acercando al crecimiento cero, al que llegaríamos en unas cinco décadas y con unos 6 millones de habitantes.

Llegaremos a él cuando el número de nacimientos sea idéntico al de defunciones (y con cero migración neta). A ese destino llegaremos con unos 70.000 nacimientos y defunciones anuales (tasa de natalidad y mortalidad igual al inverso de una esperanza de vida de alrededor de 85 años), es decir, una cifra similar al número actual de nacimientos, pero casi cinco veces más grande que el número actual de defunciones (inversionistas, tomen nota: pongan su dinero en funerarias y negocios similares). El crecimiento cero, implícito en la fecundidad de reemplazo, puede considerarse un destino deseable para el país. Es más, toda población en el largo plazo debe llegar a un equilibrio con cero crecimiento.

Conviene reflexionar. La ley del interés compuesto hace que cualquier tasa diferente de cero conduzca, a la larga, a la sobrepoblación si la tasa es positiva, o a la extinción si la tasa es negativa. Pero, antes de celebrar este logro demográfico de los ticos, conviene reflexionar en que nada garantiza que la fecundidad se quedará en el reemplazo y no continuará la tendencia a la baja.

En otros países, a pesar de que las parejas manifiestan que quieren tener dos hijos, circunstancias de la vida moderna les impiden alcanzar este ideal y están teniendo muchos menos hijos. Por ejemplo, en España la fecundidad total es de tan solo 1,2 hijos. Si en Costa Rica la fecundidad continúa su tendencia a disminuir, el Estado y las instituciones tendrán que empezar a preocuparse sobre cómo atender la demanda insatisfecha de servicios a la familia, del mismo modo que en el pasado hicieron frente a la demanda insatisfecha de planificación familiar.

Eso sí, no deberemos caer en la trampa fundamentalista de coartar libertades y obligar a la gente a elevar la fecundidad con medidas restrictivas a la planificación. En todo caso, la eventualidad de una fecundidad muy baja no es inminente; por ello bien podemos disfrutar la tranquilidad que significa haber llegado al reemplazo.

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