A nuestra querida doña Victoria la recordaremos siempre como la maestra que luchó por guiar a las alumnas del Liceo Anastasio Alfaro en el camino del conocimiento.
Recordaremos a la amiga que, sin distingo de edad, compartía alegrías y sinsabores de una juventud que encontró en ella esa mezcla de fuerza y delicadeza que la caracterizaba. Muchos de nosotros la recordaremos como la mujer que abrió brecha en la política costarricense; y, por sobre todas las cosas, Victoria Garrón de Doryan, la poeta, la idealista, la soñadora, estará siempre presente en nuestra aspiración por una sociedad más justa y más igualitaria.
Hace varios años cuando, en compañía de Eduardo, su hijo, publicamos algunas de las poesías de doña Victoria, decíamos que el binomio poesía-política era, en Victoria Garrón de Doryan, unidad de pensamiento y acción; congruencia entre palabra y hecho, y, por encima de todo, autenticidad y coraje para afrontar el quehacer cotidiano de la vida pública, con la tesitura del ideal político que había acompañado siempre su obra literaria.
Ella nos enseñó que poeta no es solo el que escribe versos. A través de su poesía aprendimos que es poeta el que siente palpitar la vida., el que sueña o se indigna., el que no tiembla ante el tirano.
Hoy, cuando doña Victoria no está ya físicamente entre nosotros, sus enseñanzas han de convertirse en compromiso y en homenaje al ideal de Patria que ella soñó en su poesía y que forjó a través de su vida: "Un día vendrá en que no habrá ni tuyo ni mío. sentados a la mesa. comeremos igual a los vecinos. Al acunarnos en la noche. pensaremos que todos tienen cama. y cuando el viento sople y la lluvia arrecie. sabremos que cada cual tiene su techo" (1971).