Soy buzo y tengo muchos años de visitar el golfo de Papagayo, lugar privilegiado para bucear por la enorme variedad de vida marina, hoy amenazada por la acelerada extracción de peces, que se venden como artículos decorativos vivos para peceras.
Como en un menú se encuentran los precios en el mercado ilegal: una morena pequeña ¢750, un pez ángel ¢250, los azules ¢500. Todo lo que tenga color o atractivo tiene un precio y los lugareños lo venden en Playas del Coco.
Esta práctica va a poner las especies marinas del país en vitrina en hogares y oficinas, mientras los arrecifes del Golfo desaparecerán y con ello el buceo en la zona. Igual sucedió con los tiburones aleta blanca, exterminados por la pesca desmedida.
También se da destrucción en gran escala de los suelos marinos por las operaciones de buceo locales, cuyas anclas barren los arrecifes. Conscientes de esto, Diving Safaris y otras organizaciones tienen un proyecto de boyas, que requiere de ayuda, como medio para detener la destrucción cotidiana.