A fuer de sinceros hay que reconocer que el idioma castellano pudo muy bien haber existido sin estas molestas virgulillas llamadas tildes o acentos ortográficos. Nuestra lengua ancestral, el latín, no conoció estos signos. Idiomas modernos tan importantes como el inglés no utilizan tildes.
Pero no vamos a especular ahora sobre lo que pudo no haber sido y fue. Lo cierto es que las tildes existen, como traviesas hormiguillas en la cesta de la merienda campestre, dispuestas a complicarnos más nuestro loable afán de escribir correctamente.
En lo que se refiere al buen uso de la tilde o acento ortográfico, nuestra normativa gramatical se dividió en dos épocas claramente definidas: antes y después del 1.° de enero de 1959. En esta fecha entraron precisamente en vigencia las llamadas Nuevas Normas de Prosodia y Ortografía , de la Real Academia Española, aprobadas en la junta celebrada por esa corporación el 17 de diciembre de 1958 y declaradas de aplicación preceptiva desde el primer día del año siguiente.
De estas nuevas reglas (veinticinco en total), catorce de ellas se refieren directamente al buen uso de la tilde y aclaran, confirman o modifican parte de la normativa tradicional hasta entonces.
La 17.ª establece textualmente: « La partícula aun llevará tilde (aún) y se pronunciará como bisílaba cuando pueda sustituirse por todavía sin alterar el sentido de la frase : aún está enfermo; está enfermo aún. En los demás casos, es decir, con el significado de hasta, también, inclusive (o siquiera, con negación), se escribirá sin tilde : aun los sordos han de oírme; ni hizo nada por él ni aun lo intentó».
Esta norma de acentuación nació, como dijimos, en 1959 (es, pues, cuarentona) y se ha venido repitiendo, sin modificaciones significativas en las ediciones de la Ortografía académica. [La última de ellas, Ortografía de la lengua española , de las academias, de 1999, sustituye únicamente el inclusive del 59 por incluso y aclara expresamente que en la locución conjuntiva aun cuando , el término aun no se tilda].
Y ¿antes de 1959? La norma de la tilde de aun era totalmente diferente. La gramática de la RAE de 1931 establece lo siguiente: «El adverbio aun precediendo a verbo no se acentúa, porque en ese caso forman diptongo las dos vocales; pero se acentuará cuando vaya después del verbo, porque entonces se pronuncia como voz aguda bisílaba: ¿ Aun no ha venido? — No ha venido aún».
En resumidas cuentas resulta que, en cualquier caso, tildar o no el adverbio aun es un hecho fonético: no se tilda cuando se da diptongo y se pronuncia monosilábicamente / aun /; se tilda cuando se da hiato y se pronuncia bisilábicamente / a-ún /.
Pero, por otro lado, parece claro que, a lo largo de la evolución del español y en los diversos sectores hispanohablantes, ha faltado la uniformidad sobre cuándo hay / aun / diptongal y cuándo / a-ún / hiatal, y así ha surgido con frecuencia la duda ortográfica: ¿con tilde o sin ella?
Seguiremos en otra “Tribuna”.