La aduana de Limón es la puerta de entrada del 80 por ciento de la mercadería importada. El sentido común indica que si esta es una de las gallinas de los huevos de oro del Estado, el Gobierno se esmeraría en cuidarla, mantenerla y explotarla. Sin embargo, esta aduana no ha sido un caso aislado de desidia e incompetencia. En general, la recaudación de impuestos ha sido en nuestro país una preocupación oficial accesoria lo que, agregado a la pésima gestión de los recursos públicos, explica el deterioro de la inversión pública y la ineficacia de buena parte de los servicios dispensados por el Estado.
Complace, por ello, la decisión del Ministerio de Hacienda de poner orden y decencia en esta aduana de la que, según se denunció el año pasado, hasta desaparecían, como por arte de encantamiento, los furgones cargados de mercadería. Angustia la situación de esta aduana por el elevado volumen de productos que tramita y por los gigantescos recursos perdidos para el fisco. Este desastre no es atribuible solo a Limón, sino prácticamente a todas las aduanas del país, tal como lo denunció recientemente la Asociación Nacional de Agentes de Aduanas. La política aduanal ha sido tan ambigua, que una de las aduanas más fructíferas y ordenadas del país, la llamada Multimodal, se clausuró en el Gobierno anterior. ¿Por qué y para qué? Otro dato curioso y revelador fue la denuncia, hace algunos años, del imperio de las "chizas" o comisiones pagadas por algunas agencias aduanales para "apresurar" la tramitación de las pólizas. Esta denuncia no conmovió a nadie. Y todavía hoy no se ha desmentido.
Es decir, el Estado, por irresponsabilidad, y algunos empresarios privados, por complicidad, se encargaron de malear el sistema aduanero nacional. ¿No denunció, acaso, el presidente de una cámara empresarial el negocio de la sobrefacturación en el sector privado?¿Qué pasó? Nada. Ni siquiera el clásico escándalo de los tres días... Esta actitud explica por qué los cacareados procesos de reforma emprendidos en el sistema aduanero no han sido procesos ni pueden, en verdad, calificárseles de reformas por haber sido tan magros los resultados. La aduana de Limón es la mejor prueba. El Ministerio de Hacienda acaba de presentar 25 denuncias ante el Ministerio Público, dentro de tres semanas se formularán 100 casos más y ya hay seis funcionarios detenidos. Por otra parte, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) denunció ante el Ministerio Público la importación ilegal de 150 carros con pólizas falsas, por lo que dos funcionarios más fueron llevados a los tribunales. Estos no son casos esporádicos ni las consecuencias de la consabida debilidad humana. Es la manifestación de una mafia que, al parecer, se ha enseñoreado de las aduanas durante mucho tiempo, en demérito de los empleados honorables y responsables, que son los más.
Las anomalías más corrientes cometidas en la aduana de Limón, además de la desaparición de carros y furgones cargados de mercadería, han sido la sustracción y falsificación de documentos, las pólizas dobles, y la alteración de los registros informáticos. Con lo dicho basta y sobra para causarles un daño irreparable al fisco y al país. Bienvenida sea, entonces, la determinación del Ministerio de Hacienda. Y que, dadas la magnitud del mal, con la complicidad del Estado, esta vez se hable con seriedad de un proceso de reforma, esto es, de la erradicación de este tumor escandaloso en el sector público tan profundo y extendido que, según palabras de un jerarca aduanal, si los costarricenses supiéramos lo que ocurre en las aduanas, no podríamos dormir... Que nos digan toda la verdad y que, por la limpieza y eficiencia conquistadas, podamos dormir...