Costa Rica ganó la primera ronda en el conflicto con Estados Unidos sobre la fijación de cuotas para la ropa íntima. El panel de expertos, órgano preliminar de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC), resolvió que Estados Unidos violó varios artículos del Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido (ATV), y no demostró un perjuicio grave para su industria por las exportaciones costarricenses.
Esta lucha legal ha durado un año y tres meses. Ahora, oídas las observaciones de las partes en litigio, hasta el 4 de octubre próximo, la resolución se conocerá el 8 de noviembre próximo. Si fuese apelada por Estados Unidos, culminará en un período máximo de 60 días. No obstante estos pasos procedimentales, el camino pareciera allanado para un triunfo definitivo, lo que, según expresiones del presidente del Consejo de Cuotas Textiles de Costa Rica, Miguel Schyfter, representa un precedente muy claro para el intercambio futuro de prendas de vestir, así como de otros productos entre las naciones pequeñas y las grandes potencias.
Este resultado, tal como lo han resaltado el viceministro de Comercio Exterior, Francisco Chacón, y la jefa de Negociaciones Comerciales Internacionales, Anabel González, fortalece, asimismo, el prestigio de nuestro país en el ámbito del comercio internacional no solo por el triunfo obtenido --agregamos-- sino por su decisión de recurrir a las vías del Derecho Internacional. Esta actitud consolida nuestro propio Estado de derecho. Esta conducta es clave, si no queremos que la globalización, la apertura y la competencia configuren un mundo de imposición y de impunidad, y sean el coto privado de caza de los grandes contra los pequeños y de los regímenes arbitrarios y poderosos, contra los democráticos y débiles. Esta actitud ética y jurídica implica, sin embargo, que, en materia de relaciones internacionales, políticas y comerciales, hemos de ser ejemplares. Bastante hemos sufrido, en estos años, por acciones y omisiones irreflexivas de nuestra parte.
El citado es el frente del comercio internacional en cuanto a la ropa íntima. Debe el Gobierno, sin embargo, mostrar igual interés, responsabilidad legal y reciedumbre en el frente interno. Nos referimos concretamente al control interno de la ilegalidad, sobre todo en el campo de la importación de ropa. El informalismo, el contrabando y la subfacturación tienen postrada a la industria textilera de Costa Rica. La importación de ropa usada, según la Cámara de Tejidos y Confección (CATECO), ascendía a 1.200.000 kilos aproximadamente en los años anteriores. Se estima que, a fines de 1996, será de 4 millones de kilos. El salto ha sido sospechosamente elevado.
Por otra parte, según cáculos de CATECO de 1994, si se coteja el consumo de ropa por persona al año en la clase baja --8.000 colones-- y el de la clase media --20.000 colones-- con la producción nacional y la importación por aduanas, observantes de la ley, se concluye que, por subfacturación y contrabando, el Estado puede estar perdiendo cerca de 23.000 millones de colones. Muchas veces la crisis económica es precedida por la crisis legal, la crisis de autoridad y la crisis de valores. Este es un caso típico. El Gobierno debe actuar en consecuencia.