Opinión

Treintones en tránsito

La nostalgia tempranera "...en medio del camino de nuestras vidas"

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Más que una generación de nexo, los treintones estamos de puente entre los contestatarios del sesenta y sus anteriores y los niños del nuevo mundo de la individualidad vacua. Crecimos en un medio que resultaba todavía amable, pasamos por la revolución sexual en el momento en que nuestras hormonas amanecían, nos quisimos comprometer en un mundo de antípodas políticas y, apenas comenzábamos a medio entender de qué se trataba, cuando todo se acabó; nos sorprendió el auge de la telematización, pasamos miserias ajustándonos a sus leyes y -sin estar gastados, pero ya abandonando la primera juventud, en la edad del "a mí nunca antes"-, como adolescentes no definimos lo que queremos, ni rechazamos de facto lo que no queremos. No digo que todos los treintones estén igual, pero este desconcierto a algunos se nos nota en todo y en todas partes, a los que nos quedamos haciendo referencias a las caricaturas de Magoo y pensando que Travolta bailando disco es lo máximo; a los de entonces, a los que seguimos siendo los mismos, los de la cultura dispar, adictos a las tiras cómicas y a las tandas de cinco de la Sala Garbo; a los que tenemos enraizado lo setentista y su sicodelia y a Raquel Welch como símbolo sexual insustituible.








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