En los últimos años la palabra transparencia se ha convertido en sinónimo de honestidad, pero una honestidad visible, pública; es decir, ya no basta con una probidad callada y subjetiva, sino que se quiere hacerla explícita y objetiva, de ahí que surgió como vocablo a la vida cotidiana junto a la frase corta pero trascendental: rendición de cuentas, no para uno mismo sino para los demás pues se trata de una confesión también pública.
Actuar con transparencia es hacerlo con claridad, de acuerdo a ciertos principios y normas, en una forma que sea visible para los otros o para todos; en algunos casos podrá ser también cuantificable y verificable, o sea sujeta a rendición de cuentas.
Falta de transparencia. Carecer de transparencia es entonces aparentar ser lo que no es; opinar sobre lo que no se domina; autoerigirse juez de todos los hombres y mujeres; construir grandes mentiras a partir de pequeñas verdades; es falsificar la historia por supina ignorancia mezclada con burda arrogancia. El mayor enemigo de la transparencia es el pseudocientífico, aquel que después de saborear una pinceladas de arte o de ciencia, cree que lo sabe todo y se vuelve radical e intolerante, soberbio y mezquino.
Lo contrario de transparencia es la corrupción y por eso una forma de combatir esta lacra es lograr que todos nuestros actos se lleven a cabo en forma transparente.
Otros significados. Por otro lado, transparencia quiere decir concordancia entre lo que se dice y lo que se hace; una persona transparente es aquella que hace lo que dice y por lo tanto inspira confianza, esa confianza que según Fukuyama mueve al mundo, porque es uno de los motores del desarrollo. La desconfianza es una consecuencia directa de la contradicción o inconsistencia entre lo que se practica o lo que es lo mismo, de falta de transparencia.
Por último, transparencia significa además tener ideas claras y bien fundamentadas, expresarlas con lucidez y coherencia y poder "operativizarlas", que en términos prácticos es insertarlas en la realidad para mejorarla al cambiarla. De nada sirve tener una lluvia de ideas o haber pensado en todas las cosas posibles si se es incapaz de hacer posible una sola de ellas. Provocar un sin fin de ideas es un juego divertido, pero si tales ideas no se definen con transparencia, lo más probable es que desaparezcan en la misma forma rápida en que se presentaron y no quede de ellas una sola huella; el olvido es el único destino cierto de las ideas sin transparencia, aún cuando a veces reproduzcan la magia de lo irracional que nos recuerda la tenue conexión existente entre caos y creatividad, orden y productividad.
Savater nos dice con humildad e ingenuidad que desconfiemos de las ideas o de las frases mal hilvanadas y descabelladas, aún cuando algunas de ellas encierran el germen de la innovación y el alumbramiento, y que no habrá progreso sostenido en el mundo del próximo siglo sin cuidados transparentes, instituciones transparentes, gobiernos transparentes y medios de comunicación transparentes.