Nacido en Alemania, al mediar el siglo XIX, Bernardo Augusto Thiel Hoffman llegó a Costa Rica, en 1877, como parte de un grupo de religiosos lazaristas que administraría el Seminario de San José. Tres años después, debido a la situación política y eclesiástica, fue elegido Obispo cuando el país experimentaba una reforma política y administrativa basada en las ideas liberales, la cual buscó el fortalecimiento de la administración estatal central y limitó la acción de la municipalidad y la Iglesia. El nuevo modelo estatal, además de crear diversas instituciones, estableció el Código Civil (1888), que introdujo el matrimonio civil y llevó a cabo la reforma educativa, que excluyó, de los planes de estudio, la educación religiosa como materia obligatoria.
Ante la reforma, lesiva a los intereses de la Iglesia, el novel Obispo emprendió acciones de defensa. Como parte de este proceso fundó los periódicos El Mensajero del Clero y el Eco Católico , e inició el remozamiento de la institución eclesiástica, la cual había experimentado una larga vacante episcopal de casi una década (de 1871 a 1880), por desacuerdo entre el Vaticano y el Estado sobre quien sería el nuevo designado. Igualmente, el Obispo propició el fortalecimiento espiritual y material de la Iglesia.
Participación y manipulación. Producto de la crisis surgida, se dio el destierro de Thiel y de los padres jesuitas (1884), la secularización de los cementerios, la derogatoria del concordato entre la Iglesia y el Estado y la prohibición de órdenes religiosas en el país, entre otros. Después de su regreso en 1886, Thiel propició, también, la participación política de la Iglesia con la creación del Partido Unión Católica; sin embargo, el proyecto fue bloqueado por los liberales, quienes manipularon el proceso electoral.
Ya para la década de 1890, Thiel había comprendido que la situación política era definitiva y que el nuevo perfil estatal no era antirreligioso, sino tan solo anticlerical; es decir, limitaba la participación de la Iglesia a partir de los requerimientos liberales. Con ello, la Iglesia mantendría su papel de cohesionadora social. Ello explica, aunque parcialmente, que en Costa Rica, al día de hoy y por mandato constitucional (artículo 75), la religión del Estado sea la católica, apostólica y romana y que los políticos apelen al sentimiento religioso del pueblo como referente compartido, casi de la misma manera que lo hacen con el gusto por el futbol.
Es oportuno recordar que, en 1893, el obispo Thiel publica la Carta Pastoral n.º 30 "Sobre el justo salario de los jornaleros y artesanos y otros puntos de actualidad que se relacionan con la situación de los destituidos de bienes de fortuna", considerada antecedente de la legislación social de los años cuarentas. Su legado en el campo de las ciencias, la historia y las lenguas indígenas también es invaluable.