Si se fuese a definir las características del siglo pasado, se podrían establecer algunas particularidades. La caída y derrumbe de imperios regionales, el proceso de democratización, la integración y fragmentación de naciones, el desarrollo económico, científico-tecnológico, el surgimiento de un imperio global fuera del territorio del continente euroasiático, la guerra fría y el nuevo proceso globalizador caracterizado por la velocidad.
Se necesitaron dos guerras mundiales para la caída de los que hasta ese siglo habían sido los imperios dominantes: austrohúngaro, otomano, inglés, francés y el de los Romanov. La aldea se dividía en el poder de los imperios en diferentes regiones que conformaban sus esferas de influencia. Los conflictos externos y el equilibrio del poder interno se sustentaban en esa repartición.
Como una consecuencia del derrumbe de esos imperios regionales, comienza el proceso de fragmentación en nuevos Estados-naciones. De 1950 a 1990, en 40 años, se crean 2,2 nuevos Estados por año.
Unión y tratado. Al mismo tiempo se da un proceso de integración liderado por los países europeos. Nace la Unión Europea, unidad económica que aún hace esfuerzos por su unidad política en algunos de sus sectores. En América del Norte se crea el Tratado de Libre Comercio.
En 1900 no había un solo país que tuviera elecciones en las cuales todo ciudadano adulto pudiese emitir el voto para elegir sus funcionarios. En la actualidad, 119 países –que representan el 62% de todas las naciones estados– lo hacen.
Después de 150 años para llegar a lo que Charles De Gaulle llamó una “monarquía electa y democrática”, en su proceso de democratización, Francia pasó por dos monarquías, cinco repúblicas y un gobierno fascista. Alemania, después de la devastación de la primera guerra, se encontró con Hitler y una segunda guerra. En Estados Unidos el voto a las mujeres tiene fecha de 1920 y la ley de los derechos civiles se alcanza en los 60. España, Portugal y Grecia llegan al sistema democrático en los 70.
América Latina tampoco se escaparía de ese proceso con el final de las dictaduras unipersonales y militares que gobernaban la región.
Democracia y comunismo. Mientras ese proceso de democratización se realizaba, paralelamente se consolida el régimen comunista de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas (URSS) y surge el poder de los Estados Unidos con algunas características que lo definen.
Su ubicación geográfica con dos océanos de protección, el primer imperio fuera del territorio del continente euroasiático y, al mismo tiempo como poder global. Con más del 30% del PBI global, ocupa el lugar de liderazgo del desarrollo en todos y cada unos de los aspectos científicos, económicos, tecnológicos, militares y culturales.
En los primeros años de la consolidación del sistema marxista en Rusia, Lenin, el líder de la revolución entendía que los sectores de la economía a lo que llamó “puestos de mando” debían permanecer en manos estatales por considerarlos de interés nacional y permitir un libre mercado en el resto de la economía.
Ese concepto se convertiría en las empresas estatales que, fuera del entorno marxista, se las llamarían empresas del pueblo.
Al morir Lenin, Stalin, su sucesor, consolida su poder e impone un Estado dominante en todas las esferas económicas y políticas. Comienza el período de lo que se llamó la Guerra Fría en la que se enfrentan dos sistemas políticos económicos. Por el lado oeste, el liberalismo democrático y, por el lado este, el estatismo totalitario.
En 1989 se produce el derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y surge una nueva fragmentación de nuevos Estados-naciones y un nuevo proceso de democratización. De 1990 a 1998, se crearon 3,1 naciones-Estados por cada año.
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