Hacer la comida, limpiar la casa y lavar es cosa de mujeres. Al menos en España, pues solo en ocho de cada cien hogares hay una distribución del trabajo cuasiigualitaria. Fíjese bien: "cuasi", porque no es total.
En el 92 por ciento restante, ella es la encargada de atender a la familia. Trabaje o no fuera, es la que debe estar pendiente de cada detalle, desde lavar las ollas hasta recoger las cosas de los güilas. Y no crea que esa es la conducta entre parejas entradas en años: ¡es entre jóvenes!, personas entre los 30 y 45 años de edad.
Ese estudio lo hizo el sociólogo español Gerardo Meil y lo publicó con el título La posmodernización de la familia española. En Costa Rica no hay cifras tan claras, pero sí buenas intenciones: aquí, en una encuesta de Unimer, en enero pasado, el 84 por ciento de los ticos prevé que en los próximos años habrá un reparto equitativo de las tareas del hogar.
Esa es solo una expectativa porque hoy no hay mucha diferencia entre españoles y ticos.
La misma mujer tiene culpa en esto. Cuando pequeños, nos facilita todo... nos alimenta sin que participemos de la cocina, nos lava, nos plancha, nos recoge los platos y hasta arregla el desorden. Nos acostumbra a una vida fácil.
Así, se llega al matrimonio para que la vida siga igual. Cuando no, pleitos. No es raro, entonces, que este sea un factor influyente en el aumento del número de divorcios en Costa Rica 62 por ciento entre 1997 y 1998.
Alcanzar la igualdad en la distribución del trabajo del hogar será cosa de años. Es difícil que llegue de la noche a la mañana, pero es cuestión de que la mujer que ahora está formando su hijo le prepare todos los días.
También es cuestión del padre. En España, por ejemplo, se determinó que cuanto más colabore el hombre en la casa, más se esquinean los hijos para ayudar. Y poco se hace contra ello.
En fin, el asunto es cosa de dos... de jalar parejo para formar un mejor ser humano.