Cuando Mendel Berlin se trasladó con su familia de Petrogrado a Londres, en 1919, soñaba que su hijo "Shaia", de escasos 10 años, algún día tomaría las riendas de su pequeña empresa maderera. Las esperanzas del emigrado ruso no plasmaron, al menos en la forma anticipada, porque "Shaia" --diminutivo de Isaiah-- nunca mostró afición por los negocios. El jovencito, en cambio, se inclinó por la filosofía y, con el tiempo, aquel hijo de inmigrantes y nieto de un rabino jasídico devino en "el hombre más sabio de Gran Bretaña", según proclamaron los diarios londinenses al sobrevenir el fallecimiento del ilustre pensador la semana pasada.
Profesor de la Universidad de Oxford desde 1932, donde había realizado estudios superiores, su prolífica labor intelectual se extendería por más de seis décadas y varios continentes. Su talento de comunicador y la capacidad de sintetizar con sencillez difíciles conceptos le permitieron, como señaló un biógrafo, presentar en solo 90 páginas lo que a sus colegas tomaba 900. Y, naturalmente, el ensayo y la conferencia fueron sus ámbitos predilectos de expresión. Numerosas colecciones de escritos y transcripciones formaron la base del rico legado que, contenido también en sus libros, lo acreditan como un gigante del pensamiento y profeta de la libertad
Sir Isaiah escapó los moldes tradicionales de la filosofía y, sobre todo, las etiquetas. Muy temprano en su carrera, no obstante los valiosos estudios sobre lógica que produjo, descartó la rigidez del positivismo pues las reglas de verificación marginaban campos enteros de la experiencia humana, particularmente la espiritual, lo cual consideraba inadmisible. Su primer libro, significativamente, versó sobre Marx. Publicado en 1939, se convirtió en texto obligado de las aulas británicas, aún hasta hoy, y perfiló el sendero que proseguiría vigorosamente después de la Segunda Guerra Mundial: el pensamiento político.
Encuentro con Churchill. Durante la guerra, Berlin fue enviado por el Servicio de Información británico a Estados Unidos. El Barón de Rothschild, pariente de quien sería su esposa, relata haberlo visto en Nueva York y la sorpresa que le causó "su aspecto poco convencional y un aire peculiar que parecía hacerlo flotar en la ropa." Prerrogativas de los genios. Sus despachos sobre la atmósfera política y la cultura norteamericanas atrajeron la atención del primer ministro Winston Churchill quien pidió reunirse con Berlin a la primera oportunidad.
En un almuerzo concertado en el otoño de 1944, ante la pregunta de Churchill acerca de su producción más reciente, el huésped respondió White Christmas, título de la popular canción. El invitado resultó ser, por error, el compositor estadounidense Irving Berlin, quien declaró después a la prensa sentirse azorado por "el interrogatorio político" a que Churchill lo sometió. El Primer Ministro, por su parte, manifestó extrañado a un asistente que "el señor Berlin no habla con la propiedad que escribe." En realidad, Isaiah Berlin era un conversador extraordinario y en seis idiomas, caracterizado por la excepcional rapidez --400 palabras por minuto-- y un legendario encanto personal que cautivó a Churchill cuando finalmente se encontraron. No en vano el primer ministro Harold McMillan lo postuló a la nobleza, en 1957, justificando el título en "hablar".
Integrado a la misión británica en Moscú en los dos años posteriores a la guerra, y contra el consejo de los encargados de seguridad, Berlin trabó amistad con destacados escritores soviéticos, en especial, Boris Pasternak y Anna Akhmatova. Aquellos "poetas geniales" dejaron hondas huellas en Berlin y estimularon su interés en la historia del pensamiento, la teoría política y la libertad.
Poderosas ideas. Analizó entonces a varios autores europeos, en particular Tolstoi y Joseph de Maistre. Alabó a Maquiavelo por negar que una verdad singular resolvería todos los problemas filosóficos. En su célebre ensayoThe Hedgehog and the Fox (1953), Berlin parafrasea a un poeta griego cuando afirma que "el zorro conoce muchas cosas, pero el erizo solo una grande", y separa a quienes relacionan todo con un principio universal (los erizos) de aquellos que persiguen diversos fines, desvinculados de un precepto rector único (los zorros). Aristóteles, Tolstoi y Balzac fueron "zorros", en tanto Platón, Pascal y Dostoyevsky semejaron "erizos".
Dicho concepto lo profundizó en The Crooked Timber of Humanity (1990), donde reitera que una sola respuesta exclusiva necesariamente peca de utópica pues ignora el pluralismo cultural y la diversidad de valores propia de la existencia humana. Para él, cada solución conlleva nuevas circunstancias y demandas sociales. Y, evocando a Kant, subrayó que "del torcido madero de la humanidad nunca se hizo nada rectilíneo." La idea fue recogida en The Bent Twig, análisis social reproducido en Foreign Affairs.
Pero la libertad, como condición esencial de la dignidad humana, domina el pensamiento de Berlin. Dos conceptos sobre la libertad (1959), ampliado una década después enCuatro ensayos sobre la libertad, sigue siendo foco vital de la teoría democrática. Ante los cambios en el mundo, difícilmente alguien disputaría su rechazo de los extremos totalitarios implícitos en la "libertad positiva" hegeliana ni su vibrante apego a los ideales libertarios de John Stuart Mill.
Lord Noel Annan, colega y comentarista de Berlin, dijo que nadie, como Sir Isaiah, había podido desentrañar las complejidades de la libertad ni esclarecer con tanta fuerza el universo del pensamiento. En su opinión, Berlin "produjo la más cierta y conmovedora interpretación de la existencia" hasta ahora conocida. Este atributo, reconocido en un cúmulo de honores, marca el legado perenne del gran humanista.