Opinión

Sin excusas

El PANI impotente ante sus cometidos esenciales

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El gobierno anterior, preocupado por el número de niños y niñas en las calles de San José, pidiendo limosna, abandonados o víctimas de las drogas o de cualquier desviado sexual, ordenó que debían ser recogidos o llevados a sus “casas”. Tolerancia cero. Sin embargo, poco a poco, los niños callejeros comenzaron a regresar a las calles y a sus puestos estratégicos. La orden fue flor de un día. La razón es simple: no bastan una orden o la más delicada de las intenciones. El problema es de fondo y toca la realidad socioeconómica e institucional de nuestro país.








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