Las calles y las carreteras están convertidas en basureros, pese a patéticos avisos de elevadas multas que supuestamente castigan el acto y que solo evidencian la inoperancia del Estado, toda clase de basura se tira ahí. Lo mismo en los ríos y en las aguas que todos tomamos. El costarricense, pulcro de la puerta de la casa para dentro, se empuerca de ahí hacia fuera, lo que revela claro desprecio por lo colectivo. Ese desprecio refleja por una parte el deterioro del civismo si es que alguna vez lo tuvo pero es subsidiariamente signo de desesperación e impotencia, ante una esfera de lo público que siente ajena e inútil. Muy bien concretado en el "'porta mí", y que las encuestas también indican en la disparidad entre la satisfacción por su vida personal y la profunda insatisfacción ante lo político y los políticos.
Los ignorantes al poder. La encuesta de conocimientos elementales de Canal 7, entre políticos y gobernantes, revela más que un tratado. Resulta inconcebible, aunque lamentablemente cierto, que quienes ignoran lo más elemental de la historia de un país parejo necesariamente, a todo lo demás sean quienes lo gobiernen. Hasta las tribus más atrasadas, que para eso escogen a los más aptos, saben que el ejercicio del gobierno requiere mucha sabiduría y que, si bien la honestidad es una condición necesaria, no es suficiente. Más bien, ocupar una posición para la que no se tiene capacidad es en sí un acto de deshonestidad, que corrompe la función en beneficio propio. En el fondo de este síntoma está la crisis educativa que también es responsabilidad política, porque nunca ha habido tantos titulados y profesionales que escriban con tantas faltas de ortografía y que ignoren la cultura más elemental.
El Estado desaparece, como revelan en forma cristalina los huecos en las calles, las rejas en las casas y los crímenes por pleitos vecinales, ante la inepcia de la autoridad para frenar abusos insoportables. Huecos, rejas y vecinos que desesperados matan a otros, porque no soportan ruidos abusivos que la autoridad no elimina, lo revelan mejor que nada porque las vías públicas, la seguridad y el ejercicio de la autoridad están en el meollo del Estado, que de esta manera se evapora y con eso el elemento político necesario para la vida civilizada.