Opinión

Signos reveladores

Y al que no le guste, que se salga

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Las calles y las carreteras están convertidas en basureros, pese a patéticos avisos de elevadas multas que supuestamente castigan el acto y que solo evidencian la inoperancia del Estado, toda clase de basura se tira ahí. Lo mismo en los ríos y en las aguas que todos tomamos. El costarricense, pulcro de la puerta de la casa para dentro, se empuerca de ahí hacia fuera, lo que revela claro desprecio por lo colectivo. Ese desprecio refleja por una parte el deterioro del civismo –si es que alguna vez lo tuvo– pero es subsidiariamente signo de desesperación e impotencia, ante una esfera de lo público que siente ajena e inútil. Muy bien concretado en el "'porta mí", y que las encuestas también indican en la disparidad entre la satisfacción por su vida personal y la profunda insatisfacción ante lo político y los políticos.








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