Pocos ahorrantes saben con precisión cuánto le deducen de su salario, de sus prestaciones, de su ahorro obligatorio y con cuánto contribuye el patrono. Menos están seguros de si estos fondos llegan a su destino, su cuenta individual con la operadora, y si se acreditan a tiempo. De camino, se puede perder, en el mejor de los casos, mucho en intereses. La cantidad de fondos que mueve el sistema es inmensa, y así pueden ser también sus trabas operativas.
El Banco Popular ya se está curando en salud y advirtió sobre los problemas que genera la mora. Esperamos que los ¢12.500 millones que devolverá al SICERE del ahorro obligatorio ahora no los recibirá el ahorrante se acrediten correctamente a quien pertenecen.
Un sistema centralizado de recaudación no es la mejor alternativa para alimentar cuentas individuales. La responsabilidad de recaudar debería ser de las operadoras que sí tienen gran interés en que los patronos paguen a tiempo. Estas deben velar por los fondos de los trabajadores desde que se les deducen de su salario. Actualmente, las contribuciones están en tierra de nadie durante un largo tiempo.
A los tres meses, cuando el trabajador recibe el estado de cuenta, realiza un acto de fe y acepta a ciegas la validez de las cifras. Pero en cuestiones financieras la fe no es precisamente la mejor virtud.