Es inadmisible, si se sabe que el derecho al sufragio es de trascendental importancia para la consolidación y promoción de la democracia representativa, que se diga que quien no vota no puede después quejarse.
La democracia es indispensable para asegurar todos los derechos individuales, como la libre asociación, libertades económicas, trabajo y salario dignos, la salud, la vida misma y la libre expresión. Basta mirar alrededor del mundo para notar que, a más democracia, más libertades y seguridad para todos.
Es lógico que, si todas las partes de la población tienen representación efectiva en el gobierno, resulta más difícil favorecer a unos y perjudicar a los demás.
Además, el sufragio es baluarte de la soberanía. Como señalan los artículos 1° y 2° de la Constitución: “Costa Rica es una República democrática, libre e independiente” y “la soberanía reside exclusivamente en la Nación”.
Libre expresión. La soberanía, entonces, es ni más ni menos que la libre expresión de la voluntad ciudadana. Porque da más fuerza a la voz popular, la democracia fortalece a la soberanía. Por ello, yo sí voté.
Pero, para que los ciudadanos puedan ejercer su soberanía, necesitan la información más completa posible sobre los partidos y los candidatos; sin ella no pueden encontrar las opciones que más les convienen. Eso implica un derecho a la información por encima de la capacidad económica de los contendientes y de otros actores.
Si la denuncia reiterada de candidatos a alcalde es la falta de recursos, el Tribunal Supremo de Elecciones debió tomar acciones pues la Internet no está al alcance de todos y la publicidad en diferentes medios no se puede usar como desestímulo para el elector.
Meta de la acción. Por otro lado, es lógico que los partidos políticos compitan entre sí por ganar el apoyo de la ciudadanía y llegar al gobierno, pero es muy importante que no pierdan de vista que la meta de la acción política es la prosperidad y el bienestar general, no el propio. Por eso, entre muchos problemas por resolver, como la falta de credibilidad y calidades de los aspirantes a puestos de elección popular, tenemos que el abstencionismo en las pasadas elecciones de alcaldes llegó al 79%.
Sí, a pesar de que voté, quiero tener voz y tengo derecho a quejarme. Porque estoy en contacto con los problemas nacionales, tengo derecho a reclamar una conducta ejemplarizante de quienes ejercen cargos en la función pública; también reclamo porque nadie garantizó la elección de al menos un 40% de mujeres en los puestos de las alcaldías; y, por supuesto, también reclamo que nada se ha hecho para disminuir el abstencionismo tan amenazante para la democracia costarricense.