El rumor parte de una información vaga, pero creíble y con el potencial para doblegar la racionalidad que podría desmentirlo. Incluso, hasta puede debilitar los hechos que podrían refutarlo. El rumor se asocia con algo malo y se inventa para provocar un daño, buscando la participación de terceras personas dispuestas a colaborar, ya sea porque lo creen o simplemente porque están dispuestas a contribuir al daño. El rumor positivo se desconoce como práctica por ser de escasa utilidad.
Si el momento es propicio por circunstancias de la vida nacional, el rumor tiene más probabilidades de éxito. Este dependerá de cuánta veracidad vaya adquiriendo mientras circula, y de cómo sea acogido por la gente. Si cae en terreno fértil, el rumor se convierte en "noticia comprobada" y se distribuye con rapidez.
Torcido objetivo. "Mirá, te voy a decir que anda el rumor de que, por tus cualidades, vas a reemplazar a tu jefe". Para el incauto esto suena a miel sobre hojuelas y en la de menos reacciona, se infla y se pone soberbio. En ese instante el ruin objetivo ha sido alcanzado: enemistar a dos personas que se llevaban bien. Eso es dividir para reinar, o simplemente una estratagema para lograr un torcido objetivo.
Cuando el rumor va en pareja con "si lo repetís, me quito", su efecto se agranda porque se repite sin cesar, sin que nadie aparezca, ni como el iniciador y mucho menos como el divulgador. Todos están avisados que se negará el origen con el fin de protegerse ante cualquier confrontación. Así el reguero cunde y corre libre de boca a oído, sin responsables, pero con efecto devastador.
Sin responsabilidad. "Si lo repetís, me quito", como perfecta muletilla, lleva consigo la advertencia que el divulgador está anunciando que no se hará responsable cuando se le mencione como el instigador. Es algo así como "en guerra avisada no muere soldado". Pero en esta guerra sí se pretende al menos perjudicar, ya que hay un objetivo perverso. En realidad, el que pretende no morir es el que echó a correr la bola con la que trata, a la distancia, de perjudicar al otro sin ira ni lástima. El que recurre al "si lo repetís, me quito" tiene bien claro las consecuencias de esta intriga, que evita el enfrentamiento y pretende no dejar huella.
En estas circunstancias, el rumor se convierte en la más sofisticada modalidad de la intriga. Maquiavelo no lo consigna en el Príncipe, tal vez un olvido, o tal vez el rumor no era una práctica lo suficientemente devastadora en aquella Italia. En su Historia Universal de la Infamia, Borges tampoco se ocupa de él.
Efecto devastador. El rumor toma distintos caminos, dependiendo del daño que se quiera hacer; sin embargo, existe siempre la posibilidad de que no pegue. En este caso, no pasa de ser un chisme de corrillo o una simple habladuría. Esta es su faceta intrascendente. Pero, cuando deja de ser impersonal, apunta a una víctima, hay gente dispuesta a propagarlo y pega, se difunde con la velocidad del celular, del beeper y con la amplitud del correo electrónico. Entonces su runruneo y perversidad tienen un efecto devastador.
Los ejemplos abundan y los presenciamos tanto como un producto ligero de una mesa de tragos como con la vileza y el veneno de los que abrigan oscuros e inconfesables objetivos. Se entiende que en ambos casos los divulgadores actúen amparados por el escudo que otorga el "si lo repetís, me quito", pues tienen una clara intención y ambicionan obtener, con inquina, alguna ventaja personal o provocar un perjuicio a un sacrificado.
Para el perjudicado, neutralizar la situación demanda una dedicación excepcional para frenar el reguero en seco. Por el contrario, si el rumor se divulga y logra su objetivo, recuperar el prestigio se transforma en una tarea titánica que consume y distrae recursos. Por dicha que la gente sensata es prudente, averigua y no recurre con ligereza al "si lo repetís, me quito" para sumarse a la cadena del rumor y contribuir en su divulgación, sino más bien lo cuestionan, poniendo en duda su veracidad.