El artículo de la señora Dorelia Barahona:
–aprender medicina por medios propios– (Página 15, 7/11/02) es refrescante e incita al comentario. Sin embargo, el dibujo que lo ilustra, el de la cobra sostenida por un zurdo, es horripilante y para nada sugiere que sea el receptor o la receptora del beso de doña Dorelia.
Si hacemos la excepción de la serpiente del Génesis, las primeras referencias históricas de la relación de este reptil con la sociedad se remontan a los egipcios: Hathor, dios o diosa aparece insistentemente con una serpiente, por otro lado la relación de Cleopatra con el áspid fue trágica; de camino nos topamos con las del caduceo, aquellas dos que, peleando, se enroscaron en él cuando Hermes les tiró una vara al entrar a la Arcadia, serpientes mucho más besables que la del dibujo de La Nación, aún más si observamos en detalle el retoque que el Cuerpo Médico del Ejército de EE. UU. les hizo para tenerlas como su emblema.
En realidad fue el hijo de Apolo: Aesclepio o Esculapio para los romanos, dios de la medicina, el que vincula la serpiente con la profesión médica y cuya imagen se perpetúa con una sola serpiente enroscada en el cayado que le sirve de apoyo.
Autoescuela. Pero volviendo a la inquietud de la señora Barahona, el invocar a Hipócrates para matricularse en la autoescuela de medicina básica es absolutamente válido y en lugar de que, a los que no juramos o a los que sí juraron el Juramento de Hipócrates (que ahora sabemos que no es de Hipócrates) nos guste o no nos guste el asunto del beso, sí creo que tenemos una cierta obligación de poner nuestro grano de arena para el buen éxito del proyecto que estamos comentando.
Del Corpus Hipocraticum nos vienen sus dogmas terapéuticos contraria contrariis e inclusive el similia similibus, dogma que, sin necesidad de besar a nadie, podría (sin ningún riesgo) incluirlo en su currículum de primer año. Los aforismos hipocráticos son otra cosa, siguen siendo válidos aún hoy y constituyen la esencia de toda y de cualquier actividad médica incluyendo esta nueva modalidad de formación autodidacta, Primum non nocere (lo primero es no hacer daño) es preocupante, sobre todo porque su rígida observancia es imperativa y a su vez compleja y porque su violación trae consecuencias generalmente muy dolorosas.
Enfermos. Pero Hipócrates, para contribuir a lo anterior, nos dejó el pensamiento, quizás el de mayor estatura filosófica, indispensable su asimilación no solo para quienes sigan las recomendaciones de la señora Barahona, sino para los médicos tradicionales y que sintetizó así: “No existen enfermedades, lo que existe son enfermos”, o dicho en otra forma: lo que eventualmente es bueno para un ganso no necesariamente es bueno para los otros gansos.
Por último, tenemos que cuidarnos en esta época de masiva información en que el difícil proceso de separar el grano de la paja nos puede llevar fácilmente a ser objeto de la demoledora sentencia anglosajona: Now you know enough to be dangerous. (“Ahora sabe lo suficiente como para ser peligroso”).