La gran crisis que en estos momentos sacude no sólo económica y políticamente a los países del sureste de Asia, puede tener varias explicaciones. El problema económico empezó cuando se produjo la caída del tipo de cambio de las monedas de los llamados nuevos países industrializados (NPI). En los últimos cuatro meses la rupia de Indonesia ha perdido el 230 por ciento de su valor, el bath de Tailandia el 89 por ciento, el ringgit de Malasia el 80 por ciento, el dólar de Singapur el 25 por ciento, el won de Corea del Sur el 125 por ciento y el poderoso yen japonés alrededor de un 20 por ciento. A nivel más técnico, es difícil dar una explicación más compleja, especialmente porque no se encuentran razones económicas objetivas para esta débacle financiera generalizada. Cada uno de los países mencionados presentaban economías saludables y si se considera que Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán y Japón, juntos poseen el mayor superávit comercial de la economía mundial, entonces es más difícil llegar a una explicación razonable de este fenómeno.
Por más de cinco años consecutivos, las economías asiáticas han gozado a nivel mundial de una enorme confianza. Un crecimiento anual de sus economías de casi dos dígitos, les ha permitido atraer inversiones externas millonarias principalmente de Japón y Corea del Sur, sus mayores socios comerciales en la zona; sin embargo, actualmente, uno de los elementos que más ha influenciado la presente crisis es precisamente este factor confianza.
Deterioro de los "valores asiáticos". Los inversionistas asiáticos y extranjeros han perdido la confianza en las monedas locales cuya paridad se fija respecto al dólar americano. De una manera muy significativa, podemos decir, que una importante fuente de inestabilidad financiera internacional es la contradicción entre la llamada globalización de los mercados y el particularismo de las divisas. En el Sudeste de Asia, los mismos "socios" empezaron una guerra especulativa contra la paridad de sus propias monedas, lo que llevó a que algunos representantes gubernamentales en Indonesia, Malasia y Tailandia obtuvieran enormes ganancias personales. La corrupción es un mal endémico de las economías de la zona. El ejemplo más claro es la familia Suharto de Indonesia que se encuentra en el poder desde 1965. El presidente Suharto lleva siete períodos presidenciales ininterrumpidos, que le han permitido acumular una de las fortunas más colosales del mundo con el beneplácito de Occidente, el cual ahora comienza a mostrar su desconfianza, no solo hacia este corrupto gobernante, sino también a los llamados "valores asiáticos" de disciplina, ahorro y trabajo duro, para decir hoy día que en Asia han existido bancos mal gestionados, grupos empresariales sobredimensionados y una corrupción enorme. ¿Por qué se dan cuenta hasta ahora ? Todos los políticos occidentales y no occidentales vendieron durante años las "maravillas" del modelo asiático, repudiarlo hoy sin ninguna autocrítica, es preocupante. Los que están pagando las consecuencias de tanta improvisación son los que han perdido sus ahorros y los que hoy están desempleados.
Crecimiento desenfrenado. La crisis asiática, así como su antecesora en Latinoamérica, la mexicana, probablemente son el producto de un crecimiento desenfrenado de los mercados nacionales e internacionales, cuyo valor supera en muchas ocasiones al de la economía real, sin embargo, un hecho que no se puede obviar, es el que todas estas crisis son beneficiosas para el mundo desarrollado, en especial para los países de Europa y los Estados Unidos, que imponen a su conveniencia una "dictadura de mercados".
El presidente de la Reserva Federal norteamericana Alan Greenspan, dijo hace varias semanas, que la crisis asiática era saludable para los Estados Unidos. Los europeos están también felices de lo sucedido en el Sudeste de Asia, entre otras razones, porque pronto pondrán el EURO en marcha y les conviene no tener recias competencias. De hecho, ya tienen la fuerte competencia del dólar americano. Los países desarrollados hablan de que es necesario terminar con el proteccionismo, pero ellos son los primeros en promoverlo al imponer y provocar especulación con sus monedas y al cerrar sus mercados a los productos baratos allende sus fronteras, luego piden austeridad, reducción del sector público, cierre de empresas y despido de funcionarios a las economías en desarrollo y las emergentes. Parece que los efectos de la medicina no es igual para todos y produce en algunas regiones, mayor inseguridad y graves crisis sociales como las que vive actualmente el sudeste de Asia. Es necesario entonces cambiar las bases del casino global, de lo contrario, cualquier economía llamada "emergente" será completamente vulnerable a los dictados especulativos del dólar americano o del futuro EURO.